El encuentro del sábado permitió conocer varias características de los candidatos que disputan la segunda vuelta electoral. Como se sabe, Pedro Castillo rehúye los debates y escapa de las entrevistas cuando le hacen preguntas que no puede responder. Los delegados de Perú Libre en el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) se han negado –hasta ahora- a participar en los 4 eventos programados con el absurdo argumento de que ese organismo no ha sido elegido por el pueblo.
Arrinconado por Keiko Fujimori que lo conminó a exponer sus propuestas cara a cara, Castillo recurrió a un ardid que creyó imperdible, poner Chota, su tierra natal como lugar del encuentro, convencido de que Fujimori no se atrevería a ir. Su sorpresa fue mayúscula cuando la candidata de Fuerza Popular aceptó. Recurrió entonces a una medida desesperada, fijar el día y la hora coincidiendo con una reunión de rondas campesinas que, supuestamente, lo respaldan. Y Keiko aceptó.
El sábado a la una de la tarde, cuando Keiko se acercaba con dificultad a la plaza por la cantidad de gente que había en las calles, Castillo era una manojo de nervios, se paraba y se sentaba, apuntaba constantemente a su reloj y parecía a punto de huir. No pudo.
Lo que nos muestran estos hechos es, de un lado, a una mujer valiente, con coraje, que no tiene temor de acudir a la cancha del adversario, donde él ha fijado las reglas y designado a los árbitros, con el público a su favor y con insinuaciones de posible violencia contra la visitante. Y de otro lado, a un Castillo huidizo, inseguro, contradictorio –aceptaba y no aceptaba el debate-, preparando la excusa para no ir (la supuesta faringitis un par de días antes), pero finalmente obligado a acudir por su jefe que evaluó que perderían más porque Keiko iba a asistir de todas maneras.
La ignorancia de Castillo en muchos temas es notoria, como cuando propuso la muerte civil de los funcionarios públicos como una medida para combatir la corrupción, cuando eso ya está legislado hace años y es precisamente la razón por el cual el dueño del partido por el cual él postula, Vladimir Cerrón, no puede ser candidato al haber sido sentenciado por corrupción por delitos cometidos cuando era gobernador de Junín. O su propuesta para que los jueces sean elegidos por votación popular, un imposible jurídico y práctico.
Por último, su capacidad para desempeñar un cargo como el de presidente de la república está fuera de duda: no la tiene. Nunca ha probado su valía en ningún cargo público, en su carrera como profesor no ha llegado ni a director de escuela ni a ningún puesto donde demuestre su potencial. Está allí como mascarón de proa del Movadef –Sendero Luminoso de Abimael Guzmán- y de los representantes del chavismo como Cerrón.
Así, no solo su ideología y sus siniestros auspiciadores lo descalifican para ocupar la presidencia en medio de una crisis fenomenal.

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