El que probablemente sea el duelo más famoso de la historia peruana tuvo lugar un ya lejano 2 de mayo de 1915, durante el gobierno de Óscar R. Benavides, en una zona del Rímac conocida como el Montón, donde estaba ubicado el botadero más antiguo de Lima, cercano a los rieles del ferrocarril que iba hacia Ancón.

Los protagonistas no fueron dos caballeros en procura de limpiar su honor. Tampoco hubo padrinos, como se estilaba en esos encuentros entre limeños de noble cuna; apenas unos cuantos ‘ayayeros’ de uno y otro bando, aparte de vecinos y testigos ocasionales.

El duelo enfrentó a dos de los delincuentes más notorios de la época: Cipriano Moreno, alias “Tirifilo”, y Emilio Willman, alias “Carita”. La manzana de la discordia fue una trabajadora sexual por ambos codiciada (Teresa, “La Pantera”, quien había preferido a “Carita”, en vez de a su rival) y en lugar de espadas ambos facinerosos utilizaron filudas chavetas.

“Carita” era un ladrón apuesto y fino, elegante y gran bailarín, según sus numerosas admiradoras de ‘abajo el puente’. “Tirifilo”, por su parte, era alto y fornido, ladrón pero también soplón de la Policía.

Luego de causarse mutuamente varias heridas superficiales, “Carita” logró hundir su chaveta en el corazón de “Tirifilo”, causándole su muerte inmediata. La noticia corrió como reguero de pólvora por todo Lima y fueron muchos los que acudieron a la morgue para ver el cadáver del legendario “Tirifilo”.

Por su parte, “Carita” fue apresado cuando acudió a un hospital a curar sus heridas. Durante su convalecencia fue entrevistado por un joven periodista que más tarde pasaría a la historia de nuestro país: José Carlos Mariátegui.

Varias décadas después, Ciro Alegría inmortalizó este choque en el cuento titulado irónicamente “Duelo de Caballeros”, que vio la luz en los años 50, y estaba basado en una larga conversación que el gran escritor sostuvo con “Carita” en la celda donde purgaba condena (de paso, la Policía requisó los apuntes y Alegría debió reconstruir de memoria los detalles).

“Cuando la Corte de Justicia vio el caso, ‘Carita’ tenía ganada su causa en la opinión pública. Los magistrados consideraron la reyerta entre un negro y un mulato de Malambo como una clara cuestión de honor, un duelo de caballeros, y dictaron la sentencia correspondiente: tres años de prisión”, consigna el escritor en el cuento que escribió en La Habana (Cuba).

Años más tarde, en el escenario del duelo, se construyó el Barrio Obrero del Rímac y la leyenda se perpetuó en relatos orales, el cuento de Alegría y en las letras de valses como “Sangre criolla”, “La Muerte de Tirifilo” y “El que a cuchillo mata, a cuchillo muere”.

Los ‘faites’ de antaño, triste constatación sociológica, han sido reemplazados por sicarios juveniles que se promocionan en las redes sociales con sus armas automáticas. Pero más triste y preocupante aún es que en la política criolla actual podemos encontrar a muchos “tirifilos” y “caritas” peleando no por una prostituta sino por el poder, sin pensar en el pueblo.