Carta a un joven

Carta a un joven

No son tiempos fáciles para los muy jóvenes: caminar escondiendo la sonrisa, escuchar a tus maestros agazapado tras un computador o creer que la vida es esta, cuando no lo es. La pandemia nos lleva a ver el mundo más pequeño y al futuro incierto y un tanto gris, tanto como las vidas que viste sucumbir en el televisor o tu red, pero el siglo XX comenzó con una gran guerra, siguió con una peste que mató a cuarenta millones (la de 1918) y produjo tiranía y horror. Había por entonces enfermedades que hoy se curan fácil.

Hubo un tiempo en el que había que ir al correo para depositar una carta cuya respuesta llegaba semanas después, uno en el que la enciclopedia debías buscarla en una biblioteca, uno en el que para cambiar de canal debías pararte y girar con los dedos entre pocas opciones. La infancia de los cuarentones de hoy hacia arriba no fue fácil, exigía más y recibía menos. Hasta era correcto que te corrigieran como se debe. No había por suerte un adminículo a full time que facilitara no pensar ni trabajar, solo lograr y gozar, lo que te aleja de la sed de saber y del concepto de deber. Aprovéchalo ahora para cultivarte.

Yo postulé a la universidad por esa vocación cósmica de conocimiento de la que hablaba Luis Alberto Sánchez (senador, rector y más), cuyos libros fueron devorados por mis ojos tempranos y cuya muerte, yo estudiante, sentí como la de un abuelo. Se podía ser joven y ser romántico, también iluso y optimista, albergar una fe irreprochable y admirar a un intelectual. Sabía que casi nonagenario, Sánchez ejercía apasionadamente la abogacía. Si caben las herencias para un o una joven actual, él te dejó también a ti frases que te pueden servir desde tus quince, dieciséis o más como me sirvieron a mí: “El éxito es servir. Servir en cualquier capacidad. Gozo sirviendo, me molesta mucho cuando no puedo servir. No me ha interesado mucho sobresalir. Y he sobresalido. Pero creo que por razón de que no lo buscaba. Y hoy lo que me interesa es seguir sirviendo y seguir haciendo cosas (…) Y si he estado en el Parlamento estoy siempre haciendo cosas. Y si vengo a este Estudio, es para hacer cosas, nunca pasando el tiempo. Me gusta servir, me gusta trabajar. Creo que es una mística, como cualquier otra”.

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