No sólo es un expolio al territorio. Es un asalto a la propiedad de los 32 millones de peruanos, a quienes unos malandrines trajeados de “mineros” roban miles de millones de dólares cada año, explotando aquello que llaman minería informal. Concretamente, minería ilegal. Ocurre en las narices de los gobiernos que, simplemente, permiten que continúen deforestando la Amazonía, provocando un devastador daño ecológico que no solo nos afecta a los peruanos, sino a todos los países que circundan ese pulmón del mundo llamado la Amazonía. Una vez más, recientemente el Perú ha sido acusado de perjudicar el medioambiente planetario, permitiendo –incluso alentando, como hace el gobierno actual- la explotación criminal de esa reserva natural de la Humanidad que es territorialmente más extensa que lo que se conoce como Europa Occidental. RTVE, Radio Televisión Española, emitió un demoledor informe contra la minería ilegal en el Perú, denunciando que opera sin control del Estado. Pueblos indígenas enteros, a los que proclama defender el régimen comunista de Castillo, “ya presentan alto grado de contaminación. 60% de sus 14,000 pobladores tienen mercurio por encima del limite tolerable”, revela dicho informe.
Por su parte, el escritor Mario Vargas Llosa sostuvo recientemente que Pedro Castillo “quiere terminar con la minería”. La prueba más reciente de ello es el anuncio de cierre de operaciones de MMG, complejo minero chino, propietario de la gigantesca empresa Las Bambas, una de los mayores productoras de cobre a nivel internacional. Aquello significaría “terminar con el Perú”, manifiesta Vargas Llosa. Porque “si hay alguna posibilidad de desarrollarse en el Perú, es a través de la minería. En cambio, él (Pedro Castillo) ampara la minería ilegal que hace verdaderos estragos con el medio ambiente, con las propias minas. En fin, es una situación desastrosa”.

Dos caras de una moneda. Pedro Castillo amenaza con clausurar la minería formal, fuente generadora de impuestos y de ingreso de divisas a nuestras arcas públicas, que da trabajo directo e indirecto a miles de ciudadanos cuidando el medioambiente. Mientras que el mismo Castillo alienta a la minería informal, destructora de la ecología, que no aporta un centavo al Erario y explota a los trabajadores que esclaviza en condiciones tóxicas, paupérrimas. Por si fuera poco, atenta contra las comunidades vecinas a los espacios adonde se instalan las mafias mineras informales, amenazando con quitarles su propiedad -inclusive su vida- a quienes persistan en defender lo suyo. La minería informal es un atentado contra la humanidad. Pero la defiende la gestión comunista de Castillo, mientras propicia el extermino de la minería formal, que trabaja siguiendo estrictísimos protocolos medioambientales y de protección al trabajador. Naturalmente Perú es un país que depende de la minería para su subsistencia; actividad que se desarrolla en el planeta entero bajo estrictísimos estándares, ligados a su ingreso –y/o a su veto- a los mercados formales para la compra/venta de minerales. Precisamente lo opuesto a lo que ocurre con la minería informal, esa lacra inhumana y devastadora que, repetimos, la promueve el régimen comunista de Pedro Castillo. ¡Nueva causal para su vacancia!

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