El presidente Pedro Castillo entró en tirabuzón. Ha acumulado demasiados escándalos actuando como malabarista politiquero desde la presidencia de la República. Tarea que no sólo le resulta esquiva sino inescrutable por su ineptitud para el cargo y la medianía de su educativa emocional, además de personal.

Su futuro es patético. Aunque junto con ello, su impronta comunista está arrastrando al Perú a escenarios escabrosos en lo social, político, sanitario, económico, etc. La coyuntura es gravísima.

Las finanzas nacionales están bajo cero. El flujo de miles de millones de dólares que han salido del país es simplemente sobrecogedor. Y el drenaje presupuestal para atender una infinidad de bonos de toda naturaleza -que emite como naipes el MEF- extrae miles de millones de soles cada mes que salen sin contrapartida del Fisco. Es decir, inflación pura. En simultáneo, el descrédito peruano en el extranjero es manifiesto. Nos consideran una potencial Venezuela.

Lo que enerva cualquier posibilidad de inversión/financiamiento externo, tanto para el sector privado como para el público. En pocas palabras, en apenas cuatro meses de gestión Castillo ha dinamitado todo aquello que acumuló el Estado peruano a lo largo de las últimas tres décadas. Y además, ha inundado el Estado con una infecciosa plaga de socialistas, comunistas, marxistas. Incluso senderistas.

El resquebrajamiento de eso que fue la nación peruana refleja no sólo la medianía intelectualoide de Castillo, sino su compromiso ideológico/político con el comunismo internacional. Castillo tiene solo título de maestro de primaria. Enseñó temporalmente en una escuelita andina dedicándose luego a su misión: ejercer con violencia ese sindicalismo magisterial que repudia la meritocracia, demandando que cargos y ascensos operen a través de padrinazgos y tiempos de servicio que no aporten a la niñez ni juventud sino a la lucha magisterial.

Recibió alta preparación dialéctica, corporativista y de exacerbación social dictada por gente de inteligencia cubana y/o venezolana. Las usa como arma en ristre. Ambas funciones sirven a la causa comunista sedienta de conflictos sociales y de la agudización de las contradicciones que existen en las sociedades. ¿El propósito? Devastar las estructuras políticas y socioeconómicas de los países que escoge la nomenklatura comunista para convertirlos en vasallos de La Habana y de Caracas. Ahora le toca al Perú, nación secularmente guiada por el pensamiento occidental.

Infiltrar la educación con senderistas para lavarles el cerebro a niños y jóvenes; pactar en secreto con Evo Morales compromisos que afectarán a los peruanos; destruir la minería, principal fuente de impuestos y divisas; el dinero escondido por su secretario en un baño de palacio; amenazar a la prensa libre alegando “No ‘me voy a permitir en dar’ (sic) un centavo a los medios que tergiversan la realidad, los que no quieren ver al pueblo, los que quieren hacer creer otra cosa”, entre otras barbaridades, constituyen sólidas causales de vacancia.

Pero, además Castillo se jacta de que no dará “un centavo al (los medios) que tergiversen la realidad”. Contrario sensu, SÍ dará dinero público para beneficiar a aquellos medios que, según él, “no tergiversan la verdad”. ¡Vacancia ya, señores parlamentarios!

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