Comentábamos ayer que esta sociedad está polarizada desde la captura del genocida abimael guzmán, cuando la izquierda se percatase de que perdió la oportunidad para llegar al poder por la ruta de las armas, visto su inveterado fracaso de conseguirlo a través del voto popular. Y agregábamos que decir que la izquierda no comulgaba –ni comulga- con genocidas como el camarada Gonzalo, es un cinismo propio de la zurda que domina el arte de la desinformación para timar a propios y extraños.
La polarización arrancó cuando la llamada gran prensa –inicialmente La República y El Comercio, luego RPP y algunos retazos mediáticos- cerrase filas con las huestes de la izquierda. Fue a fines de los noventa mientras tambaleaba el fujimontesinismo y surgía una corriente progre decidida a vengar a sus robin hoods senderistas y emerretistas, a los cuales entonces ya llamaba “víctimas inocentes del ataque salvaje de un Estado genocida dirigido por Fujimori en complicidad con la Fuerza Armada y la Policía”. Todo ello conectado con organismos transnacionales como la CIDH, incluso el Departamento de Estado norteamericano, siendo uno de sus protagonistas el ex embajador Dennis Jett. Esa gesta culminó coronando al corrupto Alejandro Toledo como futuro presidente y convocando a personajes siniestros, como George Soros, quien le entregó un millón de dólares a Toledo “para organizar la marcha de los cuatro suyos”, uno de cuyos más entusiastas organizadores fue el inefable Gustavo Gorriti. Por cierto dinero que en gran parte quedó en un banco en EEUU a nombre del sobrino de Toledo. Apenas sentado éste en palacio arrancaría el festín de los políticamente correctos, también llamados caviares. Unos renegados sanisidrios y miraflorinos que encontraron la oportunidad de su vida para enriquecerse, a costa de consolidar un siniestro emporio político dirigido a eliminar de raíz al fujimorismo, considerado enemigo público nacional. La gran prensa jugaría un papel fundamental. Como fue con el Apra durante los años treinta. Apoyó el encarcelamiento de toda la cúpula fujimorista, endilgándole desde delitos por quítame estas pajas hasta crímenes de lesa humanidad. Y decretó la muerte civil para toda persona que, incluso, por azar, tuviese amistad con algún fujimorista. Pero sobre todo, esa prensa vendida a la maquinaria transnacional -que organizó el posicionamiento de una casta vengativa encabezada por Toledo- adoptó como objetivo descalificar a todo aquel que no comulgase con el grupo que, supuestamente, impondría la moralización nacional. Aunque quince años después veríamos que todo fue un sainete. Ahí están Toledo llevándose US$35’000,000 y sendos colaboradores suyos, como el entonces primer ministro PPK, procesados por corrupción. Sin embargo, la llamada gran prensa no quedó ahí. Se abocó a destruir al centroderecha ideológico enrostrándole el alias de fujimorista. Aquello, en lenguaje caviar, significa corrupto, genocida y sinvergüenza.
Ahora vemos el resultado de aquella miserable campaña periodística que, finalizado el día, consolida al comunismo como opción electoral. Cuando en rigor resulta evidente que, durante estos doscientos años de historia republicana, la izquierda es -y ha sido- tan o más corrupta y genocida que el fujimorismo.

 

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook, Twitter Instagram.