El régimen interino de Sagasti cedió a la muchedumbre y anuncia que no observará el proyecto del Congreso para derogar la llamada ‘Ley de Promoción Agraria’. Lo lógico hubiese sido sancionar a las empresas que incumplían la norma y actualizarla. Estamos hablando de un instrumento que trajo prosperidad y desempleo cero a la región Ica, devastada por la Reforma Agraria de la dictadura velasquista, que ayudó al desierto a devorar otrora productivas haciendas.

El bloqueo de la Panamericanas Sur y Norte -en Virú, donde murieron dos jóvenes- llevó al Ejecutivo y al Legislativo a hincarse de rodillas y ponerles la nuca a unos manifestantes que minoritariamente representan a los trabajadores de las empresas agroexportadoras y, más bien, son extremistas que buscan desarticular la arquitectura legal que desde los años noventa ha permitido al Perú crecer, desarrollarse, sacar a millones de la pobreza, generar millares de empleos formales, captar grandes inversiones extranjeras y abrir mercados para productos nacionales y materias primas de toda índole.

La ley que será borrada de un plumazo logró, en el norte, que el verdor conquistase el desierto y convirtió a los proyectos de irrigación en polos de desarrollo. La gran Reforma Agraria consiste en ampliar la frontera agrícola sobre el extenso y estéril desierto costero. Ya en 1948 el general Manuel A. Odría lo demostró con la irrigación San Lorenzo que convirtió a Tambogrande, Piura, en un emporio frutícola y entregó parcelas a miles de colonos en un proyecto que sigue siendo ejemplo mundial.

“Debemos eliminar todo aquello que dificulte el desarrollo de una sana relación entre empresas y trabajadores”, dice Sagasti sabiendo que el pase al régimen laboral regular significa que los trabajadores del campo recibirán el sueldo mínimo, con los respectivos descuentos de ley, es decir casi la mitad de lo percibido bajo la ley asesinada.

Los manifestantes volvieron a bloquear la Panamericana, así es que nada está resuelto. A esto se suma la toma de la carretera central en La Oroya y otras zonas mineras, probablemente para exigir la derogatoria de la ley correspondiente (nadie niega que puede ser perfeccionada) y Sagasti volverá a ceder. Luego serán los pesqueros y seguirá cediendo. Todo esto a vista y paciencia del gremio de empresarios miopes de la Confiep, a cuyos integrantes también les llegará la hora; lo mismo que a los bancos pese a que por marketing le “hicieran la taba” a la turbamulta.

El interino será el gran promotor del retorno a la informalidad y al trabajo precario. Dice que su gobierno entablará diálogo con los trabajadores para “encontrar una solución justa y equitativa para los reclamos”, sabiendo perfectamente que no hay interlocutores válidos en ‘La revolución molecular disipada del comunismo’, el modelo de acción revolucionaria horizontal, sin liderazgos que se está aplicando. Dicho esto, que no juegue al buenito.