Sería iluso que alguien niegue la existencia del Covid-19. Es una realidad concreta y genocida. Sin embargo no debe dejar de investigarse los hechos clínicos, microbiológicos, políticos y corporativos que lo rodean, pudiendo existir no pocos responsables con nombre y apellido. Lamentablemente hay fuerzas poderosas que impiden que esa investigación se realice.

Por eso no es casualidad que, sobre todo desde diciembre del año pasado, hayan aparecido por arte de magia una serie de supuestos “verificadores independientes”, dizque para supervisar contenidos en las redes sociales y los medios de comunicación. En Alemania, Inglaterra y de manera escandalosa en la España de Pedro Sánchez (PSOE), hoy confabulado con el comunista Pablo Iglesias (de Podemos), abundan esos “verificadores”, por supuesto “dependientes” de George Soros y su plan perverso para perseguir la libertad de expresión.

El tema no está allende los mares sino frente a nuestras narices, pues medios de prensa digital como “Radio Miraflores La Auténtica”, con sede en Lima, han sido objeto de algunas censuras por parte de esa gente (¿en connivencia con Facebook y YouTube?). Eso no se puede permitir pues, bajo el pretexto de supervisar los “bulos” o “fake news”, también se esconden admiradores de Torquemada con el objetivo de atacar a quienes cuestionan a la OMS y a los gobiernos que se montan interesadamente sobre la pandemia.

Detrás del control de contenidos no solo están los políticos globalistas sino sus jefes. Es decir, las grandes corporaciones y sus fundaciones billonarias que hace quince años empezaron a dejar sus grandes negocios en Estados Unidos y Europa para desarrollarlos -en sociedad- con la China comunista. Las vacunas, por ejemplo. Especial relieve tiene el trasvase de intereses de algunos magnates del occidente estadounidense hacia las tierras del río Amarillo (Huang He), hecho que describe un contrasentido pues esos individuos con tal de mantener sus fortunas dejan a la democracia imperfecta de EE.UU. para convivir sin rubor alguno junto a la dictadura del Partido Comunista Chino.

Así migraron sistemáticamente con sus fundaciones, dizque “filantrópicas”, a uno de los países más grandes del Asia, donde ahora están sus negocios sin importar traicionar los intereses de la nación donde nacieron con tal de controlar al mundo. No subestimemos a los ciudadanos pues ellos saben discernir qué es un “bulo”. No permitamos que, bajo el subterfugio de los “fake news”, las corporaciones censuren el periodismo independiente y digital. Por eso, con pandemia o sin ella, no se debe coartar la libertad de expresión, debiendo los gremios periodísticos estar alertas para que no se dejen manipular desde los centros del poder mediático internacional, donde abundan esos llamados “verificadores independientes” financiados por conocidas ONG multimillonarias, como la Open Society Fundation.