El presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, azuzó a sus fanáticos a movilizarse en contra de un supuesto fraude electoral en las elecciones que perdió ante el demócrata Joe Biden. Los enardecidos seguidores del necio magnate tomaron por asalto el Capitolio: fue increíble ver cómo unos vándalos trepaban muros como gatos y hacían de las suyas -selfie en el despacho de Nancy Pelosi incluido- como ratas en las oficinas del Congreso. Si bien el saldo de esta revuelta fue de 5 muertos y decenas de heridos, la Policía de EE.UU. actuó -para sorpresa desgraciada de quienes han aseverado desde siempre que allá “un oficial te dispara hasta porque lo miras mal”- de manera tímida. No debería, sin embargo, llamarnos la atención ello si recordamos que, tal como ocurre en el Perú tras los decesos de dos jóvenes engañados, los agentes policiales han recibido recios vituperios (“Defund the police”) por el terrible asesinato del prontuariado afroamericano George Floyd.

Dicho esto, y dejando en claro que Trump me parece un orate y que sus seguidores son tan estultos como los vizcarristas locales (como bien ha advertido Aldo Mariátegui), lo que ha hecho Twitter -además de Facebook- de suspender indeterminadamente la cuenta del mandatario estadounidense es una evidente censura. No puede ser que las Big Tech tengan más poder que el líder de la nación más poderosa del mundo. Se trata, pues, de un golpe a la libertad de expresión que merece el desprecio de quienes creemos en la libertad. ¿Acaso estas compañías han censurado antes al dictador venezolano Nicolás Maduro o, recientemente, a los demócratas que publican imágenes de Trump degollado? Lo sucedido abre una peligrosa caja de Pandora: ¿qué pasaría si estas empresas son adquiridas por fanáticos religiosos (musulmanes digamos) y bloquean las cuentas de todos los homosexuales? Ahí recién llorarán los torpes que ahora se mofan de Donald Trump.

Y, como corolario de lo que se conoce como “cultura de la cancelación”, ni bien los internautas quisieron migrar a la red social Parler, esta fue retirada de las plataformas de Amazon, Google y Apple. Hay que estar ciego para no darse cuenta de que aquí hay censura.

Pasando al plano local, la exclusión del candidato presidencial de Alianza para el Progreso, César Acuña, de las elecciones generales del 2021 apesta a podrido. Es inaceptable que unos cuantos burócratas cercenen los derechos del postulante y de sus eventuales votantes por simplemente no declarar un inmueble -¡declaró 18!- que se halla, incluso, en proceso de transferencia. Es harto cuestionable también que no dejen que el Apra termine de inscribir sus listas congresales. La inscripción en línea es excepcional y se ha dado a causa de la pandemia del coronavirus. La extrema rigurosidad de las entidades electorales no cabe en una situación de emergencia como en la que nos encontramos. ¡Permitan que el electorado castigue o premie a quien le dé la gana!