Las revelaciones de los últimos días, con base en fuentes policiales y judiciales, muestran sin lugar a dudas la relación de Vladimir Cerrón con el grupo terrorista de los Quispe Palomino de Vraem. A esos sí se les debe calificar directamente de terroristas pues desde hace décadas vienen asesinando a decenas de militares, policías y civiles, y trabajan como sicarios del narcotráfico.

El proceso que se le sigue al congresista electo de Perú Libre Guillermo Bermejo es precisamente por eso, por las comprobadas visitas que hacía Bermejo a los Quispe Palomino, para coordinar acciones y eventualmente para recibir dinero, según la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote) de la Policía Nacional y la Fiscalía. ¿Cómo así pudo Bermejo llegar varias veces a la impenetrable selva de Vizcatán a negociar con los cabecillas terroristas? Porque era el enviado de Vladimir Cerrón, el dueño de Perú Libre, según Dircote.

Para defenderse, Bermejo ha tratado de desacreditar a la Dircote, a la misma unidad que capturó a Abimael Guzmán y la cúpula senderista y a Víctor Polay y los cabecillas del MRTA.
Es decir, a una estupenda unidad policial que hace un trabajo encomiable con pocos recursos.

Hay seis testigos que declaran que el autocalificado dirigente de Perú Libre es culpable de las acusaciones.

Pero hay más. Otro individuo muy cercano a Cerrón, Alex Pimentel, también ha estado con frecuencia visitando a los Quispe Palomino, según la Dircote para ayudarlos en temas informáticos, entre otras cosas.

Hay fotos y video de Alex Pimentel en el Vraem y también con Vladimir Cerrón. Este y su hermano están en las imágenes disfrazados de policías y Pimentel de militar.
Actualmente Pimentel ha desaparecido, no habido.

No es casualidad entonces que Perú Libre respalde a los cocaleros ilegales del Vraem y que pretenda dar carta libre al narcotráfico para que se enseñoree en el Perú, como ha hecho en Venezuela.

Bermejo funge de “asesor” de los cocaleros ilegales y es un agitador contumaz contra las políticas antidrogas del Estado. Desde 2017 el Gobierno peruano no publica cifras de la extensión de los cultivos de coca, pero a mediados del año pasado el Gobierno norteamericano calculó que habían crecido a más de 70,000 hectáreas y que la producción potencial de cocaína superaba las 700 toneladas al año.

Una de las propuestas del congresista electo Bermejo es que si ganan las elecciones van a expulsar a la DEA, la agencia antidrogas norteamericana, al igual que Venezuela.
Eso para ellos es fundamental, porque el negocio del narcotráfico es internacional y produce miles de millones de dólares de ganancia al año. Naturalmente, un país pequeño y pobre como el Perú requiere de ayuda para combatir el narcotráfico, conocer a los cárteles y sus agentes en el mundo, sus mecanismos financieros y de transporte.
Solos, seríamos avasallados por el narcotráfico y sus socios, que es precisamente lo que propone, públicamente y sin rubor, Bermejo.

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