César Campos R.

César Campos R.

AGENDA POLÍTICA

Acerca de César Campos R.:

Periodista Profesional y colegiado, egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con más de 35 años de experiencia como director y editor de diversas publicaciones nacionales, director y productor de programas radiales y de TV.



Desaliento

Los más grandes temores o alarmas se detectan en uno u otro lado respecto a lo que es el proceso electoral para conformar el Parlamento 2020-2021. Temores y alarmas que -estoy seguro- derivarán en soponcios luego de conocerse los primeros resultados de estos comicios atípicos, con base jurídica enrevesada y sin tiempo suficiente para escudriñar las ofertas centrales del conjunto de candidatos.

En principio, es un deber ineludible rememorar las circunstancias que nos han traído a este cuadro de incertidumbre y confusión, evaluando si verdaderamente el remedio de las elecciones resulta algo mejor que la enfermedad del Congreso disuelto. Mi conclusión es que no. Y también que el esfuerzo de salvar la mínima coherencia Ejecutivo-Legislativo emprendida por Luis Galarreta, Luis Iberico y Salvador del Solar (junto a unos cuantos) en los días previos al batacazo del 30 de setiembre, debió tener más espacio de acción reduciendo la bulla de las barras bravas oficialistas y opositoras.

Ante los hechos consumados y tras la apurada convocatoria a estas elecciones, ocurre todo lo que algunos habíamos previsto: una campaña desabrida, violenta, pletórica de mensajes y agendas difusas, un considerable número de aspirantes tachados, rostros nuevos sin ventanas donde exhibirse adecuadamente, la lucha fratricida al interior de las agrupaciones postulantes en la carrera por el voto preferencial y un largo etcétera que advierten y padecen los mismos ciudadanos.

¿Qué distingue a esta campaña? Una sola cosa: que siendo imposible construir una identidad caudillista o programática (solo factible en las elecciones generales donde una candidatura presidencial motoriza las expectativas), queda el juego de pulverizar adversarios y ganar reflectores para una causa mediante la polarización.

Es un ejercicio que hoy se repite en todas las regiones del país entre los 22 partidos, con las peculiaridades propias de sus respectivos ajustes de cuenta. Se mezcla en este escenario el hecho que el gobierno carece de candidatos formales pero les sobra los informales, aquellos que pretenden capitalizar con guiños oficialistoides o gestos antifujimoristas el supuesto caudal que hoy respalda a Martín Vizcarra. Estos informales no reparan que, según las últimas encuestas, hay un vacío de popularidad entre Vizcarra y su mediocre administración.

No existen pues pronósticos entusiastas en torno a lo que será el conjunto del próximo Congreso, salvando el valor de algunas pocas personalidades que calzarán una curul, al decir de don Ricardo Palma. Todo lo contrario: cunde un tardío desaliento, sobre todo entre quienes clamaban a gritos su todavía polémica disolución.



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