César Campos R.

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AGENDA POLÍTICA

Acerca de César Campos R.:

Periodista Profesional y colegiado, egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con más de 35 años de experiencia como director y editor de diversas publicaciones nacionales, director y productor de programas radiales y de TV.





La República frívola

Nada como la semana que termina para haber sido pródiga en efemérides universales de gran exaltación, sea por hechos tristes, deplorables, constantes o positivos. Hemos recordado nada menos que cinco golpes de Estado (dos en Chile, uno en Argentina, Bulgaria y Turquía), el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, la proclamación de la República Rusa por parte de Aleksandr Kérenski, la muerte de Mao Tse Tung, entre otros.

A nivel local dos acontecimientos se han rememorado con ahínco, como ocurrió los años posteriores a su ocurrencia: la captura del líder terrorista Abimael Guzmán (12 de septiembre 1992) y la difusión del video Kouri-Montesinos que determinó el principio del fin del gobierno re reelecto de Alberto Fujimori pero también la apertura de un archivo innumerable de encuentros dolosos entre personajes del sector público y privado con el ex asesor presidencial (14 septiembre 2000).

En lo que nos toca, alguien podría suponer que tales conmemoraciones representan íconos históricos disruptivos o de los cuales heredamos una lección imperecedera. Luego de lo de Guzmán muchos proclamaron el fin del terrorismo. Luego del primer vladivideo, otros dijeron que la tecnología desalentaría las prácticas corruptas entre cuatro paredes.

Ninguna de las dos ucronías resulta válida. Observando la lenta pero segura reestructuración de las huestes de Sendero Luminoso a través del Movadef –con un envidiable activismo en la juventud de los sectores marginales, mediante programas culturales de apariencia inofensiva– y de sus organismos de fachada en un sector clave como es la Educación (Movimiento Popular Perú y Bases Sutep-Lima), pronto tendremos noticias nefastas sobre su vigorosa presencia en la sociedad peruana.

Y está más que probado que los vladivideos jamás disuadieron la tentación de la coima en los gobiernos sucesivos al de Fujimori. Solo promovieron nuevos mecanismos de cobro ilegal pensando que –como por ejemplo los paraísos fiscales– gracias a su sofisticación no habría forma de rastrear el mismo. Ni tanto cuando hemos visto recientemente al asesor de un alcalde distrital intentando recabar el dinero negro en un café de San Borja. No hay entonces lección aprendida.

Pasa que, aparte de ser inconclusa y fallida, pertenecemos a una República frívola que tropieza con sus mismas piedras no por error sino por desidia. Nos llega altamente la institucionalidad que reforzaría los diques contra esos y otros flagelos. Hay un convencimiento casi colectivo que todo en el Perú se mueve por inercia, incluso la economía donde hemos padecido los experimentos más diabólicos. Perder inversiones, tolerar los atentados a los bienes públicos, subordinar al Estado a la violencia, parece un modo de vida nacional. La República frívola ya nos está pasando la factura. Lástima que la misma no constituya el centro del debate ciudadano. Y





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