César Campos R.

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AGENDA POLÍTICA

Acerca de César Campos R.:

Periodista Profesional y colegiado, egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con más de 35 años de experiencia como director y editor de diversas publicaciones nacionales, director y productor de programas radiales y de TV.






Los huaicos de Vizcarra

En su cuenta de Twitter, el congresista Marco Arana escribió el viernes 8: “A pesar de que hubo alertas internacionales sobre (el) Fenómeno del Niño, en Perú, varias autoridades dijeron que no habría grandes precipitaciones pluviales”. El enunciado es completamente cierto. Aquí ha existido una incomprensible relativización de los impactos que causaría no solo esa sino otras alteraciones climáticas.

Desde agosto de 2018, la perspectiva de centros globales como el Climate Prediction Center y el International Research Institute for Climate and Society apuntaban a que El Niño iría desde septiembre pasado hasta abril y mayo próximos. Y si bien las proyecciones de esos centros de referencia indicaban que tendría una intensidad de débil a moderado, ya les preocupaba que la ocurrencia de este evento se combinara con la temporada seca del primer trimestre 2019.

En octubre del año pasado, el ministro de Ambiente y Desarrollo de Colombia, Ricardo Lozano Picón, sostuvo que la probabilidad de reaparición del fenómeno había aumentado a 90 por ciento y que por ello el gobierno de su país tomaría medidas preventivas.

Mientras tanto, ¿qué se decía en el Perú?  En el mismo mes de agosto de 2018, la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) informó que existía una probabilidad del 48 % de que el evento climático se presente en la costa peruana durante el verano del 2019. También aseguraba que sería de condiciones moderadas o débiles.

A fines de noviembre Héctor Yauri, especialista del Senamhi, indicó que una vez iniciado el verano de la costa nacional se tendrían lluvias intensas y que existía solo un 62 % de probabilidad de que se registre el fenómeno. El mismo especialista advirtió que este era diferente al del Niño costero y por ello se podía predecir hasta con tres meses de anterioridad.

Sin embargo, ni el presidente Martín Vizcarra ni alguno de sus ministros colocó en la agenda la más mínima preocupación por el tema. Todo sería manejable, superable, administrable. Gravísima negligencia cuando hoy vemos que Piura (Chulucanas), Áncash, Arequipa, Moquegua, Tacna, Junín, Huánuco, Puno y otras regiones sufren las consecuencias de lluvias y huaicos. Como si todo se presentara por ensalmo. Como si no hubiera tecnología capaz de haberlo previsto.

El 2015, el gobierno de Ollanta Humala –ya en sus estertores– supo anticiparse al anunciado Niño costero (que recién se materializó el 2017) organizando al Estado para enfrentarlo. Desde el Congreso, su presidente Luis Iberico impulsó una comisión de seguimiento de las acciones a tomarse. Ahora vemos que, pese a las duras experiencias, Vizcarra prefirió hacer lo que mejor le sale: hablar pero no gobernar.






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