El diario Expreso ha sido víctima del cibersicariato, su página web fue hackeada en esta semana y el daño ocasionado es irreparable. Un sicario es una persona que mata a alguien por encargo de otro, por lo que recibe un pago, generalmente en dinero u otros bienes y en tiempos en los que las tecnologías de información y las redes sociales son el canal más importante para comunicar, al parecer el objetivo del ataque era desaparecer al diario Expreso.

El derecho al olvido es invocado por aquellas personas que quieren eliminar de las redes sociales información que las cuestione o compromete. Pero, en algunos casos, gracias a esa información que quedó grabada durante mucho tiempo, es que se descubren hechos que dan lugar al inicio de investigaciones. Así pasó en el caso Madre Mía.

En Perú se ha atacado a la página web de un diario de oposición, el único que todos los días y hace mucho tiempo viene destapando actos de corrupción en este régimen, nos preguntamos: ¿Quién quiere amordazar y borrar la información a la que la población tiene derecho de acceder? ¿Es este un caso que amerita ser investigado por el Ministerio Público? La respuesta a esta última es SÍ, este ataque tiene que ser investigado, pues existen técnicas de investigación de informática forense que permitirán identificar y ubicar al sicario cibernético, y así también se podrá seguir los hilos hasta conocer quién lo contrató, cuánto y cómo le pago. Esta investigación tiene que haberse iniciado ya de oficio o ¿acaso la consigna es no investigar nada en este gobierno? Si es así, tendremos una muestra más de que en este gobierno existen instituciones sometidas, que obedecen al poderoso que quiere el olvido de todos los cuestionamientos y denuncias que Expreso ha realizado. Concluiríamos entonces que el Ministerio Público ya no es autónomo, que su titular simplemente abdicó a su deber de perseguir el delito.

Sin duda, esta será la peor etapa en su historia, pues otros fiscales de la Nación tuvieron cuestionamiento pero ninguno tan grave como los que se están produciendo en la actual gestión, cuyo accionar sumiso, temeroso, inoperativa, ausente y de blindaje incondicional, Se convierte en “omisión encubridora” como lo llamaba Gladys Echáiz, ex fiscal de la Nación. ¿Acaso no es un escándalo que ninguna denuncia contra el presidente Vizcarra haya merecido atención y tramitación? Esta vergüenza indigna a otros fiscales, que día a día si cumplen con sus funciones con total independencia. Es tiempo ya de que se pronuncien, que hagan la diferencia, que se sepa de adentro que no todos están sometidos, de lo contrario, la refundación del Ministerio Público será la única alternativa.