No hay político, académico, empresario o investigador en el Perú que no aluda a nuestro infame déficit en ciencia, tecnología e innovación. Martín Vizcarra era uno de ellos y proclamaba su compromiso con el apoyo estatal a estos ítems.

“Sigamos trabajando y mejorando los porcentajes de inversión en ciencia, tecnología y en educación. Alentemos a la ciencia para que juntos logremos el desarrollo de todos los peruanos”, dijo, por ejemplo, el 10 de noviembre de 2017 al inaugurar la feria “Perú Con Ciencia” organizada por el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec), siendo aún vicepresidente de la república.

Sin embargo, en septiembre del año pasado, antes que fuera vacado de la jefatura de la nación, presentó al Congreso el proyecto de Presupuesto 2021 donde se consignaba un recorte de 20 por ciento tanto a Concytec como al sector Ciencia y Tecnología del Ministerio de Educación. Es decir, en el mismo mes que –hoy se sabe– accedía a la vacuna VIP de su amigo Germán Málaga de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), Vizcarra asestaba un severo martillazo económico a las entidades llamadas a fortalecer el soporte científico para afrontar la covid-19.

Poco se habla, en estos días de indignación y rasgadas de vestiduras por el Vacunagate, sobre cómo queda magullada la imagen de las tareas de ciencia en el país. El descrédito internacional al que nos han condenado Málaga y sus secuaces médicos, actores privados y burocráticos. Quien mejor lo expresa es el epidemiólogo peruano radicado en Londres Mateo Prochazka (científico senior en Public Health England), ex alumno de la UPCH, a través de un video difundido por el portal La Mula.

“Parte de mi idea –dice Prochazka– era hacer un proyecto para juntar mi red profesional en el Reino Unido con mi red en el Perú que favoreciera una respuesta a la pandemia. ¿Con qué cara voy ahora a decirle al gobierno británico que quiero entregar algo en el Perú? ¡Qué vergüenza! ¿Cómo pido fondos a Europa, Estados Unidos, para hacer un estudio, implementar una nueva vacuna en el Perú (y) que después te digan: no creo en tu Instituto Nacional de Salud, Digemid ni en tu Cayetano Heredia?”

Peor es el remordimiento cuando uno recuerda a Constantino Carvallo Loli, padre de la ginecología en el Perú, quien con sus propios recursos trajo a Lima desde París el primer aparato de rayos X. O a Ella Dumbar Temple, la primera mujer dueña de una cátedra en San Marcos, donando su casa a la universidad. O a Honorio Delgado poniendo de la suya precisamente para fundar la UPCH.

El daño de Málaga y su banda es inconmensurable. El modesto pero esforzado trabajo científico peruano queda devaluado y costará mucho, muchísimo recuperarlo.