Lamentablemente la agenda país en el último quinquenio se ha tornado cortoplacista, los gobernantes están abocados por lo general a apagar incendios de coyuntura política o a atender reclamos sociales postergados por gestiones anteriores, no pareciera existir vida más allá del 2021, toda decisión de trascendencia para los ciudadanos se ha ligado a la llegada de nuevas autoridades, tanto del Ejecutivo como del Legislativo, es como si el Perú hubiese tirado la toalla y entrado a una especie de letargo, donde los problemas se resuelven como vayan llegando. Hoy por hoy lo único relativamente claro es que entre marzo y abril del próximo año llegará el lote mayor de vacunas contra la covid-19 y que ésta se aplicará primordialmente a los adultos mayores, personal de salud, de las fuerzas del Orden y demás, que están en la primera línea de batalla para atender y contener la emergencia sanitaria y de ahí en más, no se conocen mayores detalles.

Y quizá por esta especie de letargo en el que hemos entrado, despertado solo con las últimas marchas y bloqueos de carreteras, es que ha pasado cuasi inadvertido la aprobación de la norma más importante del país, la “Ley de Presupuesto Público para el Año Fiscal 2021” (183,000 millones de soles), que pese a la crisis sanitaria y económica producto de la pandemia, aumentó un 3.2% con relación al actual ejercicio. Sin embargo voces críticas como la de la científica Gisella Orjeda, que en el Twitter se ha pronunciado en contra de habérsele reducido en un 22% el presupuesto al Concytec para el próximo año, un bajón significativo en las actuales circunstancias de pandemia que desnudó lo huérfano que estábamos en ciencia y tecnología, teniendo claro que el coronavirus no será el último virus mortal que enfrentemos y como tal debiéramos prepararnos, además de profundizar en el tema del cambio climático que por lo pronto en el país acarrea fenómenos perjudiciales como “El Niño” y “La Niña”.

Coincidimos con la otrora presidenta del Concytec, al desencanto sufrido con el magro presupuesto asignado al Consejo, habida cuenta que “ciencia” y “tecnología”, como nos lo ha recordado ella, fueron palabras recurrentes del presidente Francisco Sagasti en su discurso ante el Congreso de la República y que despertara esperanza en el relanzamiento de este sector, pero a juzgar por las cifras, se ha retrocedido. De ahí la importancia de la Ley de Presupuesto Anual, porque es la “hoja de ruta de ingresos y gastos” de un país en un periodo, el reflejo de la voluntad política de un Gobierno, es la que reviste de dinero sus prioridades, la que nos dice a qué apunta una gestión, y así las cosas, con el Presupuesto Inicial 2021, la ciencia y tecnología siguen siendo el patito feo para el Ejecutivo. Ojalá en el camino el jefe del Estado, a la sazón “investigador”, se reivindique en el tema.