En estos días hemos podido leer con atención diversos informes de la Corporación Andina de Fomento (CAF), la cual señala la importancia y el impacto de las ciudades intermedias, urbes con entre 100 mil y un millón de habitantes y cuya característica principal es ser productivas y competitivas.

Sobre este punto debemos detenernos y tomar nota, pues si bien es cierto que en el Perú existen ciudades en ese rango de población –Arequipa, Piura, Cusco e incluso distritos en Lima como San Juan de Lurigancho, con más de un 1’200,000 habitantes–, podemos advertir que no guardan la característica de ser calificadas como productivas y competitivas.

Sobre este concepto tiene que trazarse la nueva agenda pública del país. Aspiremos a lograr lo que tiene Colombia con ciudades intermedias no solo como su capital Bogotá sino también Cartagena, Cali y Medellín. O Ecuador, que cuenta con Quito, Guayaquil y Cuenca, que es Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Miremos asimismo a Chile, que cuenta no solo con Santiago sino con Valparaíso, otra ciudad de Patrimonio Mundial, o en Bolivia que tenemos a la Paz como capital, pero también tiene a Sucre y a Santa Cruz. Brasil y su capital Brasilia y también Sao Paulo.

Es imperativo pues desarrollar en el país ciudades intermedias. Lima está agobiada con diferentes problemas. A la inseguridad, hoy por hoy es el principal problema, se suma el desorden en el crecimiento urbano y el transporte, porque todo el Perú se quiere venir a Lima, no hay una real descentralización.

Debemos descentralizar y afianzar la mentalidad del sueño propio en el mismo lugar que nos vio nacer, para crecer allí en todo sentido. Esa es la verdadera descentralización, no hay que hacer que el peruano piense que venir a Lima es encontrar la felicidad, la felicidad la puedes encontrar en Lambayeque, Ayacucho, Cusco, Iquitos, en fin, en cualquier lugar del Perú.

Eso lo que nosotros planteamos, y para eso tenemos que formar una política estatal de incentivar la labor productiva en las ciudades para volverlas intermedias, no solo en población sino en capacidades de desarrollo. Un largo viaje se inicia con un pequeño paso;  animémonos a dar el salto y transformarnos en el país latinoamericano con mayor cantidad de ciudades intermedias.