El pedido de Martín Vizcarra de postergar las elecciones del 11 de abril -ha propuesto el 23 de mayo- da cuenta de que su administración fue negligente respecto a las vacunas, las pruebas moleculares y de toda estrategia de salud pública racional con el velado interés de que, al llegar a este punto, se posterguen las elecciones y continuar en el poder. Con el apoyo de parte de la prensa y con la complicidad torpe de ciertos sectores empresariales hubiesen impuesto la narrativa de que esto era lo mejor en términos de evitar que el virus se siga disparando.

Evidentemente el moqueguano no contaba con la vacancia. Dicho sea de paso, ¿qué espera el fiscal Juárez Atoche para formular acusación en contra del expresidente? Últimamente su fiereza bastante notoria de hace unos meses ha sido trucada por un silencio por lo demás extraño.

El Gobierno Morado no ha corregido el rumbo sanitario ni parece reaccionar ante una creciente segunda ola y, peor aún, parece haber emprendido unas raras intervenciones policiales como la que hizo con Acuña en Piura, que parecen orientadas a hostigar a los candidatos que no estén en la línea del oficialismo. En lugar de usar a los efectivos policiales para frenar el descontrol de la delincuencia o fortalecer el control de las fronteras son empleados contra candidatos en carrera. Los ministros Élice y Mazetti tendrían mucho por responder, lamentablemente el Congreso de la República parece un convidado de piedra en la vida política nacional.

Si sumamos a todo esto las exclusiones excesivamente procedimentales del Apra, de Cillóniz, entre otros, y la habilitación para que Vizcarra siga en carrera electoral lo que vemos es que se van configurando claramente unas elecciones desnaturalizadas, un clima enrarecido, con olor a fraude. Parece que la continuidad se quiere imponer a como dé lugar.

Pienso que el poder conjugado, que realmente gobierna el país, quizás está acariciando la idea de suspender las elecciones bajo la excusa de la pandemia e ir a un escenario en el cual no se de el relevo democrático el 28 de julio.

Esto principalmente motivado porque el alfil Morado Julio Guzmán no parece tener futuro electoral, desnudando cada día más sus inconsistencias y las de sus compañeros de ruta en su lista al parlamento. Basta revisar lo inmensamente frágiles que son sus voceros, aventureros y tránsfugas reclutados a última hora la mayoría y con un alarmante desconocimiento, nula destreza política y desconectados del estado del arte del debate público, para concluir en su más que probable inviabilidad. Y como Humala y Salaverry/Vizcarra- otros de los alfiles de los que mandan en el país- tampoco parecen despegar, entonces los comicios democráticos se vuelven incómodos, un escollo, un evento que perturba la estrategia. Es aquí que el tablero trazado inicialmente por Vizcarra Cornejo puede estar siendo la hoja de ruta tomada por la administración Sagasti.

Debe ser un llamado a la acción conjunta de todos los demócratas no permitir dilaciones ni cambios de fecha. La gente de Julio Guzmán no debe seguir destruyendo el Perú más allá del 28/07. Hay que hacer presión desde la sociedad civil para que el Parlamento no compre una reforma para alargar excepcionalmente el mandato constitucional, única vía para evitar el fin del Gobierno Morado en 6 meses.