Chaglla: la punta del iceberg

  • Fecha Jueves 12 de Septiembre del 2019
  • Fecha 2:20 am
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Por Humberto Abanto Verástegui

Al estallar el caso Lava Jato, la primera respuesta de Odebrecht fue negar toda participación en delitos. La delación premiada de María Lucía Guimaraes Tavares los obligó a replantear las cosas y fue así como la empresa brasileña acabó trazando una estrategia con dos objetivos generales: el primero, poner a sus accionistas y ejecutivos fuera de la cárcel y, el segundo, evitar su propia ruina.

El primer objetivo general de la estrategia exigía descubrir lo que la justicia de cada país quería de Odebrecht. Poco a poco se hizo visible que, en Brasil y el Perú, la libertad de sus accionistas y ejecutivos dependía de que revelaran su trama de relaciones con el poder. Allá implicó entregar a Lula y a la cúpula del PT, aquí fundamentalmente encarcelar preventivamente a los líderes de la oposición. Tuvieron éxito, pues Marcelo Odebrecht pasó del penal de Curitiba a su mansión paulista y Jorge Barata salió del Perú llevándose el dinero de sus jugosas cuentas bancarias y la venta de todas sus propiedades aquí.

El segundo objetivo general exigía un cuidadoso análisis de los proyectos que tenía entre manos, para impedir que una pérdida masiva de dinero los arruinara. Como era obvio, optaron por revelar corrupción en los proyectos concluidos y declarar inocencia los que podían cobrar grandes sumas de dinero.

Así llegó el acuerdo de colaboración eficaz que firmó con el Ministerio Público, que fue homologado por el Poder Judicial. Previamente, el Gobierno autorizó la venta de la central hidroeléctrica de Chaglla, de cuyo precio de venta Odebrecht pide hoy S/ 524 millones, alegando que no tiene ninguna otra investigación preparatoria en curso. El fiscal Vela Barba ha asentido al pedido, sin reparar en que las diligencias preliminares forman parte de la investigación preparatoria, así que no es exacto decir que la empresa brasileña no tiene investigaciones pendientes. Habrá que ver qué decide la jueza Álvarez.

El dinero de Chaglla, por cierto, solo es la punta del iceberg. Odebrecht tiene casi un año en default y sus acreedores la presionan tan fuertemente que, tanto en Estados Unidos como en Brasil, ha optado por protegerse con procesos concursales. Pero eso es transitorio. Salir del hoyo exige cobrar grandes masas de dinero. Queda a la vista, entonces, el Gasoducto del Sur, del cual ha confesado haber dado dinero a particulares, lo que no era delito en 2014 e impide activar la cláusula anticorrupción del contrato. Odebrecht podrá lograr, con algo de suerte, cobrarle al Perú US$2,000 millones por ese contrato.

Salvo un milagro, los peruanos acabaremos pagando el precio de que se amalgamaran la estrategia fiscal de orientación política y la estrategia de sesgo penal-económico de Odebrecht. Habrá que ver, entonces, cómo explican las vestales anticorrupción de hoy que diéramos tanto a cambio de tan poco.





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