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Cleptocracia: corrupción entre empresarios y políticos

Las declaraciones reiterativas provenientes de empresarios que refieren tácitamente haber realizado aportes económicos soterrados a las campañas de distintos políticos, patentizan y evidencian una nueva dimensión de la corrupción en la política en nuestro medio aún poco tratada y analizada, en razón a la simbiosis enrevesada y compleja que existe en materia de corrupción cuando se trata de las relaciones ocultas que mantiene el poder económico con el político.

Se trata de una “zona gris de la corrupción”, de por sí compleja y bastante confusa por su naturaleza y etiología, en consideración a los intereses que priman en su tratamiento, análisis, develamiento y control, a lo que se suma la vigencia de un marco legal poco o nada desarrollado, ajeno y distante a la realidad en la que se desenvuelve y desfasado por el paso del tiempo, por lo general avocado a los delitos clásicos de corrupción y contra la administración pública, tipos penales que aparecen redactados en los códigos penales y leyes conexas y en última instancia un marco normativo que no solo define las pautas metodológicas para su real tratamiento sino lo que debe ser catalogado al final como lícito, ilegal o legítimo o ilegítimo.

Para nadie es una sorpresa que la historia de nuestra república está salpicada y plagada de infinidad de casos graves de corrupción en todos los gobiernos, en los que se entremezcla el mal ejercicio de la política, el abuso del poder nacional y extranjero, la partidocracia y en última instancia la sujeción incondicional a los intereses empresariales y la impunidad. En particular cuando algunos de estos hechos de corrupción son develados o conocidos por la opinión pública más por las circunstanciales del momento que por la voluntad política de los mismos gobiernos.

El paso del tiempo siempre ha sido el mejor aliado de la corrupción y la impunidad en el Perú, sin perjuicio de la carencia interesada y cada vez más notoria de una legislación inadecuada sin capacidad de fiscalizar en condiciones oportunas el abuso del poder y la ley. Lo cierto es que los sistemas de control penal, fiscal y administrativo adolecen de deficiencias, por no referirnos a su ineficiencia y antigüedad, frente a los notorios cambios que vive la sociedad actual. Largos procesos judiciales y administrativos, artimañas legales de toda naturaleza y para todos los gustos y vacíos normativos, aunados a una clase política y económica poco interesada en modificar las leyes y suscitar cambios que muchas veces juegan solo a favor de sus propios intereses en desmedro de la grandes mayorías. Todo ello es una constante cada vez más notoria y escandalosa que adquiere nuevas y reveladoras características solo cuando se conoce la dimensión oculta y real de la corrupción en nuestro medio.

Lo que ahora se conoce sobre los aportes empresariales clandestinos a las campañas políticas es posiblemente la parte menos visible de un gran entramado en el que aparecen comprometidos malos empresarios y políticos de dudosa reputación.

El transfondo encierra serios cuestionamientos a los mismos regímenes de gobierno que nos han conducido en los últimos años bajo el engañoso pretexto y lema tan difundido de que se gobierna para las grandes mayorías y que todos somos iguales ante la ley.

LUIS LAMAS PUCCIO



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