Continuamos, Julio César

Era un niño trabajador, amaba la ciudad, la recorría vendiendo periódicos y lustrando zapatos: sabía que la guerra la destruiría. Por eso, cuando las campanas redoblaron, entendió el mensaje. El ataque era inminente. Nuestro valiente niño vio salir de las aulas del Colegio Nuestra Señora de Guadalupe a un contingente de jóvenes y subirse  al tranvía rumbo a las pampas de San Juan y Surco para luchar contra el ejército chileno.

Julio César Escobar sabía de los voluntarios que se unían a la causa de la patria y se conmovía con ese modo de entrega y sacrificio. Un día dejó sus escobillas, abandonó los betunes y se despidió de su edad de niño para ir al frente y tomar su puesto en la batalla. Julio César Escobar eligió el pino más elevado, lo trepó y se atrincheró allí, arriba, para divisar las acciones del enemigo. Valiente, al centro de la atrocidad, enviaba mensajes al ejército peruano.

Escobar defendió a la patria con heroísmo épico. Y lo acribillaron y su cuerpo cayó para eternizarse y desde entonces la esperanza ilumina su nombre, su tierra de sueños, su honor. Gracias por treparte al pino, Julio César. Es hora de recordar tu valentía, es hora de escribirte, héroe, es hora de no olvidar que seguimos en guerra y que no debemos temer subirnos a estos pino para vencer a los nuevos enemigos. Necesitamos ancianos felices, Julio César.

Necesitamos evitar que sigan sembrando ciudades caóticas. La guerra no ha terminado, Julio César, la pelea continúa Julio César. Peleamos contra los cuellos blancos, peleamos por la memoria, peleamos contra quienes le roban a la infancia, peleamos contra los que afrentan a nuestras hijas, peleamos contra quienes ofenden a nuestras esposas. Continuamos peleando, Julio César. Seguimos en pie de guerra.

 










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