Deicinueve años después

El Perú, en la década de 1990, a través de sus Fuerzas Armadas, Policía Nacional, organizaciones de la población, así como algunas autoridades nacionales y locales, logró vencer a los delincuentes terroristas, recuperando la seguridad interna, lo cual creó las condiciones indispensables para afrontar el conflicto con Ecuador, resolver definitivamente el problema limítrofe y consolidar la plataforma económica que, en conjunto, conformaron la plataforma para el desarrollo socio económico del siglo XXI

El Gobierno Transitorio (nov.2000-jul.2001) enmarcó parte de su  gestión en el pensamiento del marxista Antonio Gramsci, tal el caso de disposiciones dictadas referentes a la organización y conformación de la estigmatizada Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), instrumento coordinado previamente a su dación por el Ministerio de Justicia con los cabecillas terroristas, cuyo presidente fue el rector de la Universidad Católica del Perú; simultáneamente privilegió la liberación, mediante dispositivos legales “secretos”, de más de quinientos delincuentes terroristas. Posteriormente la liberación alcanzaría alrededor de cuatro mil terroristas, reagrupándose para pretender conformar una organización política formal, además de reforzar su presencia en el Vraem.

Hoy el Perú, diecinueve años después, ve amenazado los cimientos de su cultura occidental y mestiza, donde la familia y creencias son pilares que pretenden ser destruidos por el perverso e hipócrita grupo denominado “izquierda caviar” que, desde su “Think Tank” de la academia, concibe acciones, a la vez que motiva y forma en su seno el recurso humano para implantar su ideología penetrando instituciones del Estado, coordinando acciones con las ONG vinculadas, para lo cual cuenta con el apoyo mediático de medios afines, utiliza en forma organizada e intensa las redes sociales, y promueve agresivas campañas en favor de la “ideología de género” y el aborto.

Lo anterior se ha visto facilitado por las taras de buena parte de nuestra clase política y empresarial, lo que finalmente ha derivado en la terrible corrupción que corroe al país en, prácticamente, todos sus estamentos, habiéndose desnudado la bajeza y mediocridad de presidentes de la república, autoridades de los poderes del Estado, funcionarios públicos y privados, líderes de opinión, periodistas, etc.

Estamos en la peor decadencia que haya sufrido el Perú en casi doscientos años de existencia, pues la acción impregnada de marxismo de estos malos peruanos conlleva odio patológico e  intereses crematísticos, a la vez del evidente sometimiento a la delincuencia internacional de cuello y corbata y a la tendencia mundial de degradación de la familia,  escenario favorecido por la indolencia mayoritaria de la población que sólo despierta eventualmente ante temas menos importantes que construir un futuro promisor para nuestra sociedad.

Preguntémonos si podemos seguir viviendo con la tradicional abulia criolla de siempre, acompañada del comentario fatuo, mientras el tiempo avanza inexorable o debemos emprender con energía participativa acciones en todos los escenarios de la vida cotidiana principalmente en la familia, entidades educativas, culturales, sociales, deportivas, profesionales, religiosas, políticas, etc., y contribuir a afianzar un movimiento cuya acción neutralice y supere a la perversa izquierda caviar en todo espacio.

Rebelémonos a amanecer en el bicentenario con el sufrimiento de ciudadanos de otros países de la región que son víctimas del histórico fracaso marxista, recuperemos el orgullo como peruanos y repudiemos al cosmopolitismo sin identidad, defendamos los derechos naturales de toda persona a la vida, la salud, la libertad y el patrimonio, hoy en camino a ser tiranizados por un grupo de “iluminados” que pretenden ser la reserva moral del país sin que los hechos sustenten tal pretensión, sino más bien los muestren como causantes de la anarquía y la tendencia negativa en lo político, social, jurídico y económico que vivimos.

Vicealmirante Javier Bravo Villarán





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