Escritor se salva de ser quemado muerto

POR STUART FLORES

Hoy me estreno (otra vez) como columnista (y en versión entintada, qué gusto). Y ya me encantaría hablarles de cosas tan fundamentales y que me apasionan tanto, como el fútbol y la moda, pero tengo que defraudarlos porque lo que nos concierne aquí (nuestro tema) son artefactos démodés y que quizá ya solo interesan a un puñado de gentes de bien. O sea, vengo a hablarles de libros. (También de películas y series y lo que se tercie. En resumen, la cultura. Ese vicio solitario, como dijo Gide). Y yo, que me disponía a llenar el folio, tenía que ponerme en forma y, para tal efecto, busqué cualquier columna de Francisco Umbral, cuya lectura es una manera eficaz de entrar en calor para escribir columnas. Y, como decía, me disponía y entonces busqué en internet la web de su fundación (Fundación Francisco Umbral, a secas; allí está el archivo de sus colaboraciones en prensa) y la página andaba caída y me dije qué raro. Y así, por cosas del azar, me topé con una noticia del año pasado. El asunto es más o menos este: en 2017, Umbral cumplía diez años desde que abandonó la existencia, y Planeta, la editorial que posee sus derechos de autor, tuvo la precavida o insana decisión de no publicar ningún libro suyo ese año porque no vende. Ya antes, a través del sello Austral, habían reeditado un puñado de sus libros y yo tenía la esperanza de que pudieran reeditar su obra completa (alrededor de 130 libros, sin contar con lo que pudo haber guardado en el cajón y que, en el caso de otros autores, son verdaderos tesoros: la lista del mercado, recetas de cocina, garabatos; lo que hacen con Bolaño, es decir). Pero no. La editorial de marras tuvo una mejor o peor idea: quemar sus libros. (En España no se andan con medias tintas. Aquí lo que no vende se remata en Crisol). Y allí acudió la Fundación para rescatar los libros que, según leí, ya solo se obsequian en algunos eventos. Este acto neroniano de incendiar un trozo del mundo se me antoja terrible. Que Umbral no venda me parece espantoso (Juan Bonilla me dijo, a manera de vaticinio, que Umbral iba a revalorizarse, pero esa predicción la hizo hace muchos años, cuando sus libros parecían generar interés). Umbral, el escritor prolífico que publicaba hasta cuatro libros por año y escribía una columna diaria, ahora es casi un don nadie (Víctor Hurtado Oviedo lo definió como un «Sansón literario atado a columnas de periódicos»). Hoy en España solamente lo publica Renacimiento. Volvió a morirse don Paco hace unas semanas y nadie se enteró. En fin. Una desgracia.





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