La intemporalidad de la tragedia griega

La intemporalidad de la tragedia griega
  • Fecha Sábado 22 de Febrero del 2020
  • Fecha 3:10 am

Las tragedias griegas las leí cuando era un escolar. Me quedé con las aventuras y sus calamidades. De mayor he vuelto a ellas. Me fijo ahora en el arte que tienen Esquilo, Sófocles y Eurípides de “arrancarle el secreto intemporal” alojado en las narraciones, tan vivazmente contadas, por estos testigos de la condición humana. Jacqueline de Romilly, en su libro “La tragedia griega” (Barcelona, 2019) cumple el papel de una magnífica cicerone para recorrer el mundo que muestran los trágicos griegos. En Esquilo sobresale la justicia divina. Sófocles resalta la tragedia del héroe solitario. En Eurípides se muestra la fuerza de las pasiones humanas.

La “hibris” –desmesura- es un rasgo de la biografía personal presente en la literatura clásica griega. Está en la “Ilíada” de Homero y está, también, en las tragedias griegas. En la Ilíada, Aquiles cobra venganza por la muerte de su amigo Patroclo en manos de Héctor. La desmesura inhumana con la que da muerte al príncipe troyano es cruel, pavorosa. Lo mismo se puede apreciar en las tragedias de Esquilo, quien hace notar que los “reyes deben evitar la desmesura y tienen que respetar la piedad. Jerjes no lo hizo, los caudillos que sitiaban Tebas no lo hicieron, los perseguidores que pretendían arrebatar a los altares a las hijas de Dánoe tampoco “. Ante este escenario, los dioses que lo pueden todo, intervienen y castigan la desmesura humana. No es, desde luego, patrimonio de los dioses castigar los excesos. Los seres humanos no reconocemos en los excesos, un comportamiento propio de seres racionales. Cuando falta misericordia y piedad hasta la justicia se corrompe.

“En Sófocles –dice de Romilly – no hay una sola de sus obras en que el problema del orden ético no se presente en toda su intensidad, encarnado en los personajes”. La figura de Antígona es una canto heroico a la voz de la conciencia personal y al llamado de las leyes escritas por los dioses que ningún poderoso puede acallar. Antígona nos recuerda que la sola legalidad no es sinónimo de moralidad. Asimismo, nos hace notar que la conciencia no puede ser silenciada por la prepotencia del pensamiento único, pequeño dictador que pretende señalar lo que puede pensarse o decirse en el espacio público. En este sentido, el llamado “colaborador eficaz” es premiar la delación del mentiroso, ofreciéndoles dádivas: esto es soborno. Por su parte, “la prisión preventiva” es pura y dura extorsión: o hablas o te meto en prisión. Ambas son figuras legales, pero no por eso dejan de ser inmorales.

La “Medea” de Eurípides es sobrecogedor. Jasón, capaz de hazañas heroicas es el mismo que traiciona a Medea para ubicarse en el mundo civilizado griego. Medea, la mujer apasionada que pone su corazón y destino en las manos de Jasón, es la misma que obra con crueldad matando a sus hijos para vengarse del desdén y frivolidad de Jasón. Las pasiones nos rondan, la desmesura la vemos día a día. Ahí siguen las tragedias griegas para recordarnos nuestra fragilidad.

Francisco Bobadilla Rodríguez



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