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La organización criminal empresarial

LUIS LAMAS PUCCIO

Nuestra legislación penal concibe al crimen organizado como una actividad corporativa conformada por un mínimo de tres o más personas que, con carácter estable, permanente y en tiempo indefinido, de manera concertada y coordinada realiza actividades criminales catalogadas como delitos. La interrogante es si un régimen legal con una definición limitada puede comprender actividades que realizan empresas organizadas como personas jurídicas que, abusando de las prerrogativas que señala la legislación mercantil o societaria, son descubiertas involucradas en actividades delictivas que solo pudieron realizarse habiendo mediado una o varias empresas correctamente constituidas.

Hablo de similitud de funciones de cómo puede operar una organización criminal clásica, avocada a delitos de fuerte impacto -direccionalidad, jerarquización y estratificación-, pero que en el presente caso, al corresponder al normal tráfico de las relaciones comerciales, bursátiles y contractuales, carecen del estigma necesario para ser concebidas como criminales puras. Me refiero a jerarquía, permanencia, reparto de funciones, corporatividad y estabilidad, características que juegan en ambos casos de forma paralela, equivalente o similar, en el terreno empresarial y en el contexto criminal, pero que en la práctica son imaginadas como disímiles, diferentes o distantes dependiendo de la óptica perceptiva.

Se concibe que un desempeño empresarial que cumple con las exigencias que señala la ley está al margen del ámbito que corresponde a una actividad criminal organizada diáfana, en consideración a que se forja la idea de que una empresa tiene fines estrictamente comerciales, mientras para los grupos criminales al margen de la ley la finalidad no es otra que cometer delitos.

Las siguientes son algunas diferencias:

1) La organización criminal empresarial, a diferencia de las organizaciones criminales clásicas, utiliza abiertamente a la “persona jurídica” para realizar sus actividades, haciendo uso de los mecanismos legales que las leyes le permiten. Se asocian, se constituyen, se inscriben y operan libremente en los mercados locales e internacionales solo con restricciones administrativas o fiscales que en cualquier momento son objeto de subsanación.

2) La organización criminal empresarial dispone de una ventaja ineludible frente a los grupos criminales tradicionales. Su imagen y legalidad implican una proyección social de aceptación, beneplácito y respaldo social en razón a la publicidad mediática que, usada con eficiencia, llega con facilidad a la opinión pública.

3) A diferencia de los grupos criminales que operan en la clandestinidad, la organización criminal empresarial dispone de un margen legal sumamente amplio para operar abiertamente y solo con limitaciones de contenido administrativo.

4) Aunque la organización criminal clásica tiene un brazo corruptor que busca su protección frente a los controles tradicionales, la organización criminal empresarial muestra en forma abierta sus vinculaciones con el poder político, el mediático a través de la publicidad, y el económico de gran influencia. Lo hace a través de lobbys, medios de comunicación, políticos y mecanismos similares y a la vez sutiles, de gran impacto. Sumado todo ello, las actividades delictivas de las organizaciones criminales empresariales buscan y encuentran apoyo abierto de la actividad política y partidaria imperante en razón de que el mejor aliado o socio de que disponen es el poder económico y político que necesariamente opera a través de la actividad empresarial.

LUIS LAMAS PUCCIO



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