liderazgo pedagógico

Llegó el 2019 y los profesores nos preparamos para el inicio de un nuevo año académico. Pensando en quienes tenemos la tarea de educar, me viene a la cabeza el papel que desempeña el profesor Mathieu en “Los Niños del Coro” (2004). En esta película del Director Christophe Barratier, Mathieu es un profesor capaz de reconocer en sus alumnos a unas personas que merecen trato amable, afecto y motivación; niños que merecen ser tratados con dignidad y respeto, no como los rebeldes incorregibles que constituyen un caso perdido para Rachin, el director del colegio.

Clément Mathieu ha creado un coro brillante. Ha probado, una por una, las voces de sus alumnos, ha descubierto a quienes tienen cualidades para formar parte del coro. A uno lo ha cultivado como tenor, a otro como barítono, a otro lo ha nombrado asistente y así ha ido dando responsabilidades a todos sus alumnos. Como resultado hay un gran coro, es cierto, pero la historia no queda allí… La biografía de cada alumno del colegio Fond de l´Étang ha empezado a escribirse en positivo, ha empezado a cambiar. Cantan, pero también se han vuelto obedientes y disciplinados. Cantan y lucen entusiasmados, también sonríen porque por fin conocen la esperanza, porque por fin alguien los quiere, porque por fin alguien cree en ellos. Mathieu ha conseguido sacar de sus alumnos lo mejor de sí mismos.

Miro a Mathieu y reconozco en él a un profesor con muchas virtudes. Fortaleza para emprender proyectos con sus niños y también para resistir y remontar sobre aquello que se le pone difícil –“El director me asusta, incluso los niños me asustan” dice Mathieu a los pocos días de llegar al colegio-. Humildad para hacerse pequeño junto a quien lo necesita pequeño. Justicia para sancionar a quien lo merece, pero a la vez Prudencia para que la sanción tenga la medida y el tono adecuados, sin herir, sin humillar. Sencillez para formar a sus alumnos. Mathieu no busca el éxito, no busca reconocimientos, le importan sus niños, esas personitas tan necesitadas de atención, de consideración… de cariño, de formación.

Pienso en Mathieu y considero que su papel enseña mucho a quienes somos profesores: la importancia de cultivar virtudes como la humildad, la prudencia, el servicio, la fortaleza y muchas otras. El conocimiento científico, la técnica, el desarrollo de las habilidades y destrezas son importantes en la formación de nuestros alumnos, pero no es menos importante la formación que ellos reciben al vernos actuar: la amabilidad, la generosidad, el buen humor, la paciencia, la puntualidad…  Ya lo señalaba el filósofo MacIntyre “(…) no es posible educar al margen de la virtud, pues solo ella hace posible el florecimiento del hombre y de la sociedad”.

Que este y todos los años nos esforcemos por hacer de nuestros salones de clase lo que el profesor Tomás Alvira llamaba “Aulas vivas”. Un Aula viva, decía él, “es productora de energía, es aquélla en la que el profesor y alumnos se sienten personas, seres sociales, que han de tener, por eso, relación constante y han de estar unidos por lazos de afecto, de cariño; en la que uno ve continuamente al otro –no a sí mismo con penoso egoísmo– para ayudarle y para crear lazos de auténtica amistad”.

*Directora de Programas QI Comunicaciones

 

 

Por: Guiselle Camacho Olivares*

gcamachoolivares@gmail.com

 





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