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Mi recuerdo en el día de cumplir 100 años

Guardo en mi memoria el recuerdo imborrable de Javier Pérez de Cuéllar, a quien conocí durante mi gestión como embajador argentino ante los organismos de Naciones Unidas en Ginebra. En esa ciudad tan cosmopolita ya era una leyenda en los laberintos del Palacio de las Naciones donde tuvieron lugar las escaramuzas diplomáticas que intentaron frenar las consecuencias más peligrosas de lo que se llamó guerra de Irak. Recuerdo que Javier siempre afirmó que si bien era una guerra autorizada por el Consejo de Seguridad no es una “guerra de las Naciones Unidas porque no hay cascos azules, ni la bandera de la ONU”. Este era el tipo de juicios que la experiencia y sabiduría del ex secretario general aportaba con sus enseñanzas a sus amigos y diplomáticos noveles que iniciaban, como yo, la fascinante vida de los foros multilaterales de un orden mundial que había terminado con la guerra fría.

La política y la diplomacia fueron su pasión, pero su ser habitó el terreno más luminoso de la personalidad que es valorar el arte de vivir en el presente y de conocer, como diría Goethe, la “salud de cada momento“. Tuve el privilegio de conocerlo cuando ya era un sabio.

Compartimos con Javier, cada uno el rol de representantes de nuestros respectivos países como embajadores en París. Como colegas. fuimos cómplices en difundir el prestigio de la cultura latinoamericana, y admiré siempre esa capacidad que tuvo Javier de mantener el espíritu abierto a todos los acontecimientos de su tiempo y comprender el mundo nuevo que se abrió a principios de este siglo XXI. Supo brillar por su inteligencia en la sociedad refinada y culta de París, a la que cautivó con su porte de verdadero peruano y ese arte de la conversación que manejó siempre con tanto virtuosismo. Para sus amigos fue siempre un ejemplo , con su familia mantuvo la lealtad de su corazón generoso, con su país la conducta emblematica de los patriotas de antes.

Todos en Perú conocen la trayectoria de este gran ser. Hoy al cumplir cien años lo evoco con respeto por lo que hizo para el Perú y el prestigio que fue para todos los latinoamericanos que nos representara como secretario general de las Naciones Unidas. Sobre todo, desde que lo conocí en Ginebra, siempre sentí que era un hombre superior.

Alexis de Chateaubriand decía que la aristocracia tiene tres edades: la edad de las superioridades, la edad de los privilegios y la edad de las vanidades. Javier Pérez de Cuéllar vivió toda su vida según los cánones de las superioridades.

Buenos Aires, 17 de enero de 2020.

Por: Embajador Juan Archibaldo Lanús



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