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COLUMNISTA INVITADO

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Piensa, analiza, reflexiona, decide

A pocas horas de una nueva jornada democrática los peruanos en calidad de votantes acudiremos a las urnas a una extraordinaria elección que podría ser el inicio de un punto de quiebre que tienda a cambios necesarios en el control y actuación política, luego de soportar una serie de actos no dignos de mencionar en el proceder de la ‘liquidada’ representación parlamentaria en setiembre del 2019.

Muchos se preguntan, ¿Qué hacer? ¿Por qué partido votar? ¿Qué número marcar? ¿A qué candidato darle nuestro respaldo o confianza? Inquietudes que no se pueden absolver fácilmente. No es cuestión de dar recetas que permitan calmar el interés, la ansiedad o la incertidumbre de nuestros amigos (as) electores.

La indecisión es alta, sin duda. Tengo el pensamiento y la idea bien clara de qué haré este domingo 26 de enero. Mi lucha siempre ha sido -y es- constante por ver un país seguro, justo, formal, educado y moderno, sin corrupción. En medio de este avatar, creo que candidatos honestos, capaces y con ganas de cambios, tenemos, aunque no muchos.

Sin embargo, también considero que el problema siguen siendo los partidos políticos que albergan a sus postulantes. Dichas organizaciones han defraudado la esperanza, la confianza y la dignidad de los peruanos, de sus propios partidarios y seguidores. Los hechos y actos de su proceder están demostrados y comprobados.

El derecho asiste a cada elector de tomar la decisión que mejor le plazca. Las alternativas son varias, desde elegir al candidato de su preferencia, hasta votar en blanco, viciado o nulo; llegando a decidir, incluso, en no ir a sufragar. Son las alternativas que están plasmadas en nuestro proceder constitucional. La decisión es personalísima.

La efervescencia es incontrolable dado que nuestro país vive en una ola de enfrentamientos y severas posiciones encontradas que a nada bueno han conducido ni conducen. La lucha por el poder y el interés particular es constante, sistemático y permanente. Esto no es de ahora, tampoco de ayer, viene de muchos años.

La idea –y la demanda ciudadana- es elegir a candidatos (as) honestos (as), capaces y desprendidos, sean estos liberales, derechistas, conservadores, izquierdistas, nacionalistas o de cualquier tendencia de donde provengan o lo que se pregonen. No obstante, el problema, nuevamente, se presenta si es que son confiables y su compromiso será con el país o con su partido político y sus cúpulas dirigenciales.

Entiéndase que el poder máximo reside en el pueblo y dicho poder se ejerce mediante libres elecciones en donde se otorga tal ‘poder’ y confianza a nuestros representantes para que formulen políticas y crean leyes a favor del pueblo y del país.

Lo que sí es cierto es que conocemos quiénes son, a quiénes representan, y de qué canteras políticas provienen. Ahí está el meollo. Conociendo el proceder y el legado de los grupos políticos y sus representantes, sus indicadores nos marcarán el mejor derrotero este domingo 26. Piensa, reflexiona, analiza y elige.

MG. HERLESS CARRIÓN PORTILL-  PERIODISTA DE INVESTIGACIÓN Y CANDIDATO A DOCTOR 



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