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Seguir a Grau implica esfuerzo llevado al máximo

Colaborador

13 oct. 2019 03:40 am
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Sabemos que seguir a Grau implica esfuerzo, llevado al máximo de nuestras capacidades y posibilidades, lealtad incluso en los momentos más difíciles, dignidad de ser humano en el respeto a nuestra mismidad y en el respeto al prójimo, y honradez en un mundo hedonista y superficial, que muchas veces intenta apartarnos del camino correcto.

Para amar al Perú hay que amarlo como Grau, para entender al Perú hay que entenderlo como Grau, para proteger al Perú hay que ofrecer, si es necesario, la vida como Grau.

Grau nos enseña diariamente que la frase bíblica “nadie da más amor que aquel que da la vida por sus amigos”, se hace vida en la vida de Grau. El egoísmo y la soberbia son vencidos por el desprendimiento y la humildad, que enaltecen al hombre y lo impulsan a la inmortalidad.

Con Grau se produce un hecho que no es común: conoce los halagos de la gloria en vida. Podemos afirmar que su imagen histórica emerge de su propia existencia, forjada por él mismo, y que, en la época en que le tocó vivir, ya fue reconocido por sus contemporáneos como un hombre excepcional que nos representaría ante la historia.

Es por ello que esa imagen histórica de Grau no surgió cuando la inmortalidad lo llevó sobre las aguas del Pacífico sur en Angamos un 8 de octubre de 1879, sino durante su existencia misma, en que el pueblo supo reconocer en él, al auténtico paladín de la defensa peruana. Grau no fue héroe por un acto realizado o por un momento de inspiración, sino por una vida plena de amor al Perú. El heroísmo de Grau no esperó el encuentro de Punta Angamos, ni consistió en un acto aislado de bravura. Fue fruto de una larga y callada disciplina del espíritu, desafiando el destino.

La gloria lo buscó, y él, sin vanidad y sin soberbia, aceptó lo que ella le dispensaba. Recibió la muerte como una amiga y la acompañó a la gloria que el señor le tenía reservada desde siempre.

Vivió, el Peruano del Milenio, en relación constante con el mar. Tal vez su espíritu tranquilo y sosegado tiene que ver con la inmensidad del océano, toda agua, horizonte y cielo. En ese medio anchuroso para cualquier meditación, encontrose más de una vez consigo mismo y con dios, cuya obra creadora abisma a quienes la contemplan con los ojos del espíritu.
Lo que admiramos en Grau no es únicamente su pericia y dominio profesional como marino, sino su consistencia moral, su coherencia de vida, el hecho que actuase conforme pensaba: “honrado en el salón de su casa y en el camarote de su buque”, ha dicho de él, González Prada.
*Presidente del Fuero Militar Policial

Julio Pacheco Gaige

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