Sociópatas encubiertos

Por Luis Lamas Puccio

La psicopatía en sus diferentes grados es una patología o trastorno agudo de la personalidad y los sentimientos que se determina por una alteración del carácter y el comportamiento, sin desmedro de la capacidad intelectual o cognoscitiva del individuo que la padece y que se mantiene intacta. A diferencia de la persona mentalmente enferma, el individuo con una personalidad psicopática por el contrario es inteligente e incluso brillante, aunque adolece de una penetrante disminución de los valores, el sentido de la ética y poco o nada le importa la moral y el sufrimiento de sus congéneres.

El psicópata sufre de un trastorno de personalidad muy sutil y enrevesada a través de un comportamiento eminentemente antisocial, siendo frecuente que realice actos perniciosos, llámese delitos y toda clase de fechorías, sin que sufra menoscabo su inteligencia e incluso su propia racionalidad, a lo que se suma una insensibilidad a toda prueba ante el dolor, el daño y el sufrimiento que provoca a otros.

Hablo de un verdadero antisocial en el buen sentido del concepto, en donde lo que prima es la manipulación del entorno personal o colectivo, sin impórtale en lo mínimo las consecuencias perjudiciales de su conducta frente a los demás. Son histriónicos, convincentes, versados, cultos, perspicaces, educados, astutos y en particular realzan una gran elocuencia y razonamiento cuando se trata de captar la atención, la simpatía y convencer a los demás. Incluso pueden ser fascinantes cuando realizan promesas de difícil o imposible cumplimiento.

Lo relevante de estos personajes es que son individuos hábiles que logran ocupar cargos de relevancia en el conglomerado colectivo, siempre bajo la expectativa de que se trata de sujetos excepcionales y preparados, aunque los matices pueden variar dependiendo de la coyuntura política y económica o el rol que juegan las expectativas sociales. El mejor escenario en donde se manejan es en la política, en donde a su criterio todo vale y nada importa, si de lo que se trata es llegar a destacar a través de la mentira, la promesa incumplida, la ausencia de escrúpulos y el engaño reiterativo.

Sucede con frecuencia que estos sujetos no son fáciles de detectar en el estratificado social, entre otras razones, porque resultan matizados socialmente al pertenecer o estar relacionados con determinadas clases económicas y políticas dominantes que definen el curso de los acontecimientos.

Estos personajes aparecen fortalecidos por su formación profesional, académica y su buena imagen, que suscita que no pasen desapercibidos y opinen sobre temas álgidos y especializados. Se trata de personas diestras que se manejan ante el público que encubren con habilidad una faceta mórbida escondida y una doble personalidad, al carecer de estigma personal, de reproche social y otro tipo de cuestionamientos, por lo que se mostrarán serios, capaces, confiables y creíbles sobre los que se puede confiar.

En aras de proteger la credibilidad de la ciudadanía respecto al desempeño de determinados cargos de importancia en la vida pública o privada nacional, los sujetos que aspiran a una función estatal o administrativa de trascendencia, por encargo privado o elección popular, antes que nada deberían ser objeto de alguna forma de evaluación y constatación psicológica mínima para fines de verificar si en realidad nos encontramos frente a personas normales en los términos señalados o por el contrario se trata alguna patología sutilmente encubierta.





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