Un nuevo reto para la educación

Un nuevo reto para la educación
  • Fecha Domingo 2 de Febrero del 2020
  • Fecha 2:30 am

La tarea educativa no termina con la instrucción; si así fuera, medir sus logros resultaría fácil. Bien sabemos lo sensible que es la educación a las influencias de la sociedad. El alumno recibe sensaciones, percibe los malestares, pero poco entiende de razones, causas o argumentos. Un niño, por ejemplo, no atiende a las razones por las que sus padres deciden separarse. El sólo advierte que no se quieren, que no lo quieren o que su padre no volverá más.

En los días que corren, el ámbito político nacional está enrarecido. Da la impresión de que es como una nave que se echó al mar con combustible, con vituallas, con capitán, con tripulación y… con mucha ilusión. Sin embargo, a poco de navegar, advierte que ha perdido el norte; tenía de todo en abundancia pero ha olvidado un pequeño gran detalle: la brújula. Contrariamente a lo que ocurre con la economía, donde los beneficios de su crecimiento demoran en llegar al ciudadano; la falta de dirección, el desgobierno, la crisis de valores, la corrupción impactan en todas las instancias de la sociedad que automáticamente se relaja en sus obligaciones.

Mientras que el gobierno se apura en solucionar cada crisis coyuntural, la estela que dejan envuelve, cegando todo viso de esperanza en el futuro a los ciudadanos. La recomposición de un gabinete no es una práctica irrelevante; el “destape” de un hecho inmoral no es una mera noticia; las reyertas callejeras tampoco son simples diferencias de opiniones; los robos ni los secuestros son consecuencia de un mercado recesivo… estos y otros acontecimientos similares son como una suerte de nube cargada que no permite el paso de los rayos solares, pero mantiene en vilo por ser presagio de una tormenta, por eso, lo mejor será ponerse a buen recaudo sin que importe la suerte de los demás.

Frente a este panorama real pero no apocalíptico, a la educación se le plantea un nuevo reto, ¿cómo mostrar a sus alumnos que los valores existen independientemente del comportamiento de las personas? ¿En qué fundamentar la esperanza en el futuro? Los discursos presidenciales ni las campañas mediáticas serán decisivos. El camino es ir por delante enseñando con el ejemplo los valores que valen la pena encarnar. Los niños y los jóvenes están pendientes de sus referentes significativos –padres y maestros- de quienes aprenden y aceptan consejos. Lo significativo remite a afecto y autoridad. Más próximo al alumno está el profesor de quien recibe influencias. En un entorno cambiante e incierto la figura del profesor debe transmitir seguridad y esperanza. La seguridad se logra conduciendo y convocando al alumno a lo que le es propio: el estudio; y, la esperanza, comunicando que mediante el esfuerzo, el trabajo y el cultivo de las virtudes se construye el futuro en el presente.

Comparto lo que decía el pensador mexicano Carlos Llano: “Estamos más pendientes de las decisiones que se toman en el gobierno, de lo que dicta el mercado y de lo que dicen los medios de comunicación y olvidamos que las grandes decisiones se toman en la familia, en la escuela y en ámbito personal”. Que un joven siga creyendo, decida graduarse y trabajar en el país, es una decisión capital a la cual se contribuye desde la educación.

Edistio Cámere -Educador



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