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Vigilancia contra la corrupción

No es un mal de ayer ni de hoy. Es una de las perversiones longevas más dañinas que azota el país. Alfonso Quiroz, aquel incansable investigador e historiador peruano –que desde EE.UU. levantó la alfombra de la depravación peruana- nos recuerda en su obra ‘Historia de la corrupción en el Perú’ que la corrupción constituye un fenómeno amplio y variado que compromete a los sectores público y privado.

Y es que los recursos públicos se han lapidado sistemáticamente y sus responsables han actuado –y actúan- como cuando aquellas hienas o buitres devoran la más fétida y descompuesta carroña que encuentran a su paso. La lucha por el botín es constante y a todo terreno.

Los agentes corruptos minan todos los esfuerzos, a veces con consecuencias y costos devastadores –nos recuerda Quiroz-, al referirse a todo aquel intento por proteger y diseñar sistemas de estabilidad, equilibrio y desarrollo en países como el Perú; como cuando se propone el establecimiento del imperio de la ley o la implantación de una educación rígida y de calidad.

La sucesión de los corruptos nunca cesa. Se entregan la posta cada cierto periodo. Todos los partidos políticos están manchados – directa e indirectamente- con ese hedor que afecta la moral y la esperanza de un país digno. Por ello, que, cuando no tomamos una postura contra los corruptos, prácticamente la estamos apoyando, alimentando o asimilando.

Decía aquel teórico de la conspiración estadounidense, E. Griffin, que el oponerse a la corrupción en el gobierno es la obligación más importante del patriotismo; partiendo de esa premisa, añadiría que combatir a los corruptos es lo más digno y sagrado que debemos realizar los peruanos.

Quiroz ha sido preciso al tratar a la corrupción como una actividad clandestina y al minimizar o cuestionar la credibilidad de algunas fuentes como aquellas que actuarían con motivaciones políticas, con denunciantes interesados; sin embargo, ahí cabe discrepar con aquella conjetura, toda vez que cuando de descubrir la verdad se trata, toda fuente resulta importante y garante, con tal de llegar a conocer la verdad. Las fuentes pueden ser puritanas o mojigatas. Y no es que el fin justifique los medios.

Obras como la ‘Historia de la corrupción en el Perú’ son herramientas bibliográficas de cabecera que todo peruano de bien debiera leer y considerar. En su edición se puede reflexionar con muchos pasajes o extraordinarias ilustraciones como la tomada de la edición de El Cascabel (Nº 16 – 1873) en la que bien su leyenda precisa: “En esta tierra guanera ¡Qué buena es la mamadera!”.

Recientemente participamos de la “International Annual Conference for Integrity – CAII 2019” cuyo objetivo principal fue estimular el debate a través de la creación de un espacio de análisis sobre nuevos enfoques y prácticas, en temas de política anticorrupción. Un evento con trascendencia mundial y en el que pudimos apreciar que es incesante la búsqueda de mecanismos que contrarresten el flagelo de la corrupción. El uso adecuado y permanente de las herramientas tecnológicas fue la principal propuesta para enfrentar este mal endémico.

Todas las sociedades en el mundo siguen buscado el remedio a las corruptelas, pero ninguna ha logrado desterrar esta actuación humana. Muchas instituciones y organismos están proponiendo medidas contra la corrupción, dentro de ellas, la necesidad de ejercer una vigilancia constante en su contención y castigo. Y precisamente, esa vigilancia debe ser plena. Todos debemos participar y no permitir que la corrupción avance.

MG. HERLESS CARRIÓN PORTILLA



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