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Y siguen muriendo mujeres…

Por: Giuliana Caccia

Normalmente uno espera que las fiestas navideñas estén llenas de amor y paz. Sin embargo, a veces recibimos noticias que pueden destruirle el ánimo hasta a la persona con el más grande espíritu navideño del mundo. Ayer Jéssica Tejeda Huayanay murió acuchillada por su pareja, Juan Huaripata Rosales, quien también prendió fuego a su vivienda en El Agustino. Con ella murieron su hijo de 14 años, también acuchillado, y su bebé quemado. Sus otros dos hijos fueron hospitalizados.

Por supuesto, las declaraciones de la ministra de la Mujer, Gloria Montenegro, no se hicieron esperar. No se puede negar que si algo sabe hacer la señora Montenegro es estar presente oportunamente para opinar sobre cada uno de los casos que la hacen sentir que su puesto y su ministerio son imprescindibles. Pero lo que sí sorprende es que la ministra mantenga un discurso ante cada uno de los asesinatos que centran las causas de estas muertes en un solo factor: el machismo. “La cultura machista no se cura ni con la policía, ni con patrulleros, la cultura machista no se arregla con leyes”, dijo la contrariada funcionaria responsable de uno de los órganos del Estado cuya existencia es una de las más cuestionadas de nuestro país.

Sin embargo, la ministra no dice nada más. Siempre es igual. Culpa a la policía, culpa a los hombres, culpa a todos y el problema se agrava mes a mes. Y no sabemos si por un acto de soberbia o de ignorancia no quiere salir de su diagnóstico reduccionista señalando al machismo como única causa de violencia hacia la mujer. En esa línea, el Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual (PNCVFS) recibe cada año bastante más presupuesto que los años precedentes para luchar contra este “mal cultural”. Esto no tendría nada de malo si es que se cumplieran los objetivos que sustentan dichos incrementos. Pero no es así. Según cifras oficiales del MIMP, no solo cada año mueren más mujeres sino que, y aquí está lo que más indigna, el dinero se gasta por millones de soles en merchandising al estilo de los “mandiles rosados”.

Si revisamos el portal Transparencia, sólo en agosto del 2019 aparecen órdenes de servicio por 160 mil soles en blocks, 115 mil soles en peines con espejo, 140 mil soles en juegos de memoria, 390 mil soles en bolsas de lona, 592 mil soles en chalecos, un millón y medio de soles en textiles, 600 mil soles en ambientadores con logo o megafonos por 236 mil soles, entre otros. Llama mucho la atención el pedido de cámaras digitales por 207 mil soles. En las Bases integradas de estas cámaras, se determina que éstas tienen como fin el orientar “a varones para la construcción de una nueva forma de masculinidad que no permita la transmisión de un nuevo ciclo de violencia”. Así como lo leen. También sorprende los 456 mil soles para las tarjetas de alimentos para el personal. Y como estos, otros tantos ítems que ya fueron señalados meses atrás en un afán de llamar la atención ante el despilfarro que viene realizando el ministerio que, por cierto, centraliza casi el total del presupuesto sin dejar nada en manos de los gobiernos locales.

Esta mirada reduccionista e ideologizada que pretende invisibilizar otras causas tan o más importantes de la violencia familiar no está ayudando a disminuir el problema. Y recordemos que las víctimas no solo son mujeres. Por más que no lo quieren decir con el mismo afán, también hay hombres y, obviamente, niños y ancianos. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Ya se les dio el tiempo suficiente para probar sus hipótesis y han gastado millones del dinero de los contribuyentes. La pregunta es: ¿hasta cuándo?



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