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Alan García, 16/04/2019. Profecía y coronación: la última clase (1/2)

Por: Hugo Neira en cafeviena.pe.

La presente crónica recupera para el gran público la última clase de Alan García. La fuente es la grabación de esa clase suya en el Instituto de Gobierno y Gestión Pública ante sus alumnos. Es un tanto larga, pero la hemos abreviado guardando los párrafos decisivos. Pocas veces se tiene a un profesor que ha sido dos veces Presidente y además culto, amante de la historia peruana, y como apreciará el lector, un profesor que pasa serenamente de los hechos históricos a la teoría. Este es un documento excepcional. En diversos pasajes, desfilan los presidentes del siglo XIX, la Guerra del Pacífico, Nicolás de Piérola, Manuel Prado, sus éxitos y también sus errores. Todo ello, con afabilidad y una familiaridad que no puede tener un historiador sino alguien que también ha sido Presidente y conoce lo difícil que es llegar al poder en el Perú, y mantenerse en él. Los alumnos que escucharon esa clase no la olvidarán jamás. Porque en ella, además del talento de Alan García, su buen humor y bonhomía, hay alguien más en esa sala de lecciones de la Universidad San Martín de Porres. Y ese algo es el drama de la historia peruana y la presencia de la muerte. Frases como «en la vida hay que escoger un momento para morir», son referencias inesperadas al ángel de la muerte. Cuenta que «va mucho al cementerio», para irse acostumbrando (¡!) Sus alumnos se quedaron intrigados por esas confesiones, pero ahora ya lo sabemos, era un adiós. Hemos dejado esas líneas en negrita, para que el lector no pierda de vista los signos y señales de algo decisivo.

Se seguirá diciendo sandeces por el suicidio de Alan García. Pero tarde o temprano, se darán cuenta los peruanos que fue una inmolación. Y si en el Perú hubiese hombres capaces de respeto por su dignidad personal, al punto de negarse a que los saquen de su casa con las marrocas en las manos, entonces seríamos una Esparta andina. Y no el país amorfo de estos días.

Que el lector disfrute. La lección final de un guerrero que amó el Perú y a los peruanos y les dedicó, fueran lo que fuesen sus defectos, la vida entera y también cómo se muere, para que acabe el Morro de iniquidades de estos años sombríos. (HN)

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La clase comienza cuando Alan García les dice que va explicar en teoría qué es un sistema y luego pasa a la historia, a la fuga de Prado en plena guerra. «Vieron el sistema político, el sistema social, y ahora el sistema a secas, la caja negra de Easton». Les explica los inputs, «la forma de moderarlos». Y luego una delicia de narración de la historia: cuenta cómo Prado abandonó el poder y las consecuencias.

Habla el Presidente Alan García

«El Perú se quedó sin mando cuando los chilenos lo invadieron, un Piérola oportunista aceptó ejercerlo», y cuenta cómo era, qué hizo. «Desembarcaron en Paracas y en Lurín (…) Prado entró en un desánimo atroz, se fue, es su culpa enorme siendo Jefe de Estado. El vicepresidente era el General La Puerta, que tenía el defecto de ser cojo (…) ¡No al cojo La Puerta! Tuvieron los civilistas que designar alguien (…) Nadie quiso aceptar. Esa noche, nadie quería la presidencia del Perú, ahora se mueren y siempre se han muerto por querer ser presidente… Entraron 24 mil hombres, y no tenemos ni una pistola para hacerles frente, el que se haga cargo va a ser el culpable». Y mientras discutían los civilistas, «Piérola con 20 hombres se metió a Palacio, en la caja negra, se declaró Director Supremo de la Guerra. Aprobamos que haya entrado Piérola: que se hunda él (…) Gobernó durante un año desorganizando todo, era tan inteligente como desorganizado y pasional. Si usted le caía mal, lo destruiría. Porque Piérola era así, básicamente porque era de ese tamañito, 1,62 m, le tenía cólera a todo el mundo. (A mí me hubiera odiado, como algún periodista. Odiado, ¡soy el diablo!) Entonces, no tenía idea militar, pobrecito. No es su culpa pero ¿para qué te haces cargo de un país en guerra si no tienes idea? A él se le metió en la cabeza, por ejemplo, que los chilenos iban a desembarcar en Ancón —él llegó a esa conclusión en su escritorio— y van a atacar Lima por el norte». (…) «Y se llevó los mejores cañones a la punta del cerro. (…) «Nunca vinieron por ahí, tuvieron luego que volar los cañones para que los chilenos no se los lleven (…)  Luego cometió el segundo error atroz [su estrategia de defensa, y les explica, con un croquis, las dos líneas, desde el Morro hasta la pampa de San Juan, y la otra, en Miraflores, hasta el fondo Vásquez] (…) Ya saben que los chilenos han desembarcado en Paracas y Lurín (… ) Es para matarlo al chiquito, ja… Dos líneas, ¡absurdo! (…) Defienden a medias (…) La batalla de San Juan en Chorillos es una batalla heroica, es la más bella, la más social, la más importante que ha tenido la historia del Perú. (…) Hubieron [en la primera línea] 8-10 mil hombres, organizados, pero no eran del ejército, el Ejército estaba en Arequipa.  Eran los sastres, los magistrados, los bomberos, los estudiantes (…) Mi bisabuelo estuvo aquí, Francisco Ronceros Pagador, (…) junto al ministro de Guerra, Miguel Iglesias. (…) Cómo se le ocurrió dividir a su fuerza social…  La batalla de Miraflores se llama ‘la gran cabalgata hacia Lima’. (…) Los chilenos, no son tontos pues, son más militares que nosotros, son formados por los alemanes pues, no por los franceses, para desfilar, como aquí, (…) y dijeron vamos a atacar por acá, y a las 5 de la mañana del día 13 de enero de 1881, atacaron, y la gente de Cáceres se desbandó. Era la hora negra de Alejandro Avelino Cáceres. (…) Retrocedió, se fue a Miraflores. En cambio Miguel Iglesias, ministro de Guerra, coronel, perdió a sus dos hijos en las faldas del cerro y resistió hasta la una de la tarde, (…) herido con dos balazos. ¿Por qué no volvieron las fuerzas a apoyarlo? De allí nace la leyenda de Cáceres (…), le dijo a Piérola: ‘están borrachos, vamos a atacarlos ahora’. Eso se contaba en los libros de Historia. (…) Los peruanos incendiaron Chorillos, unas 200 casas, nada más, tampoco quemaron Roma. Y los chilenos, no son tontos, pues, tendrían 2000 hombres borrachos ahí, y 22 mil hombres armados en todas partes¡! Es la leyenda que se lanzó Cáceres para justificarse (…) Y el tercer pecado del Sr Piérola, (…) desde el Morro, agarró su caballo blanco, y con un edecán se bajó por Agua Dulce y subió por la bajada Balta (…), a la casa del Sr Schell, cónsul alemán, donde almorzó. (…) Tú huiste de la batalla. En la vida hay que escoger un momento para morir. Si hubiera muerto en el Morro, Grau y Bolognesi serían menos que él. (…) Abandonó la capital (…) Miren lo paradojal que es la política. Él se metió porque el Presidente huyó. Él ocupó el cargo de Presidente y también huyó… Después de tres meses en la sierra, el Director de la Guerra vino a Lima con el rabo entre las piernas, y fue a ver a Patricio Lynch, general,  jefe de las tropas de ocupación chilena. Y le pidió pasaportes, para salir del Perú. Y nuestro Director Supremo de la Guerra salió con pasaportes chi-le-nos, ya. Entonces, no escupas al cielo que en la cara te cae. Contra Prado porque ha huido pero tuviste que huir de la batalla y después del Perú… Es terrible la historia. La historia es dramática (…) Y la historia del Perú es tan triste. (…) Murieron muchos peruanos, 5000, y 2400 en el Morro, un lugar heroico».

En la explicación de la historia, Alan García introduce situaciones que conoció cuando presidente. Son acaso anécdotas pero muy significativas para entender las ambiciones de cierto tipo de empresarios y el poco respeto que le tiene a nuestro pasado histórico. El poco respeto a la patria peruana. Sigue hablando AG:

«Una vez, yo ya era presidente (…) y llego a La Herradura y veo postes, estaban haciendo una especie de andenes en el cerro. ¿Qué es esto? Me bajé… Se van a construir edificios, la firma GREMCO, de los señores Levy. Me dio tal cólera, porque yo tengo gente acá mía en la pelea, yo dije por qué no se van a construir esos señores al Muro de los Lamentos. Para nosotros, este es un lugar sagrado. Entonces, Decreto Supremo; eso se llama poder. Declaras intangible el conjunto del Morro Solar. Se acabó. Juicio contra el Perú en el SIAL. Lo perdieron. Y me odian. Ahí deben estar financiado sabe Dios a quién… Me odian porque dijeron que perdieron millones. Y eso, se los había dado un alcalde chorillano inconsciente de lo que vendía. Se lo vendió por 5 millones, el alcalde Gutiérrez Weselby, alcalde de Chorillos. (…) Lo bloqueamos. (…) Esto, el Morro, es más grande que Arica. (…) Los militares tapan esto, porque el héroe fue Miguel Iglesias. Si Iglesias muere, sería pues un héroe inmenso. ¿Pero qué ocurrió con él? Herido, los chilenos lo deportaron a Chile. Vivió en Chile un año, después de lo cual le dijeron vuélvase al Perú. Y se fue a Cajamarca, lejos de Lima donde estaban los chilenos, donde tenía su hacienda que se llama Montán (…) hasta ahora existe. Estuvo allí dos años, se dio cuenta de que los chilenos eran cada vez más (…), por todas partes, y no tienen traza de irse… Van a quedar 10 años. Para ser héroe, hay que tener valor. Peleando en el Morro, pero también aceptar que estamos perdidos. Hay que sacar a los chilenos, cueste lo que cueste.»

Prosigue AG. «Él hizo lo que se llama el Grito de Montán: un pronunciamiento desde su hacienda. ‘Necesitamos un gobierno que acepte la realidad, porque hasta entonces no había gobierno. (…) Bueno, ustedes ganaron la guerra, ¿con qué se van a quedar? Las salitreras de Tarapacá. OK, pero desocupen el resto del Perú. (…) Sé que seré odiado por eso por las generaciones venideras pero si yo no lo hago, nadie lo hará. Y los chilenos se quedarán 20 años’. Lo dice, y lo hizo. Entonces, el Ejército resucitó y dijeron ‘traición’. ¿A qué, si iba a recuperar el Perú? En su mejor momento el señor tuvo mil hombres y los chilenos eran 30 mil. 24 mil llegaron y siguieron llegando. (…) Transó un acuerdo sabiendo que lo iban a escarnecer. Después de lo cual se fue a su hacienda y murió allá. Pero los militares, se volvieron caceristas. Y maldijeron a Iglesias (porque si no tenían que reconocer su acto heroico). Y miren cómo es la vida. En este 2° gobierno, un día me fui a la cripta de los héroes, yo camino mucho en el cementerio porque al final yo voy a acabar allí, entonces miro y me voy acostumbrando. No me da miedo la muerte porque me acostumbro, tengo mi sitio, ya sé donde voy a estar y no hay problema. (…) En la cripta, uno piensa. Y después caminé por una avenida, y estaba el presidente Leguía, que yo admiro, modernizante, pateó al civilismo, lo maltrató muy bien, después se vengaron. Mientras pudo, golpeó a los guaneros. Y estaba caminando, y de pronto veo Miguel Iglesias. Miguel Iglesias, ¿este es el presidente Miguel Iglesias,  el héroe de Chorillos? – Sí, está ahí. – ¿Y por qué no está adentro? (…) -Bueno, no, así lo ha decidido el Instituto de Estudios Militares y no sé qué… Ah no, le dije, yo he estudiado la historia, y conozco cada hora de la historia del Morro Solar y la defensa… Entonces, ¿qué es  poder? ¡Poder! Decreto Supremo: ‘los restos del General Miguel Iglesias serán incorporados al Panteón de los Héroes’. Hay que hacer justicia. Entonces, que arrugaron la nariz, que no sé qué dijeron… ¿Quién arrugó? Bueno, el jefe del Instituto, el general… Mire, mire, a ver. Poder. ‘Déjese sin efecto la resolución que nombró al General no sé qué …’ Una rúbrica, adiós. ¿Quién sigue? ¿Quién no quiere más? Silencio. Se cuadraron. Y todos a desfilar el día que llevé a Iglesias al Panteón, listo. PoderPero es que hacía justicia. Y me falta hacer justicia con el pobre Leguía, que lo han maltratado mucho, pero ya no tendré oportunidad, se la daré desde el cielo; mi abrazo a Leguía.»

Como decíamos al principio, la sombra de la muerte, en este adiós.

Seguiremos con la segunda parte, la próxima semana. AG sigue con Piérola, su carisma. Qué es la caja de Easton o sea, el sistema político. Por qué las APAFAS, el «amigo Kuczynski», los campesinos de Fuerabamba, qué significado tiene para ellos el “yo he firmado” desde 1532. Y las críticas al presidente Vizcarra que no puede improvisar un discurso público sin la ayuda del teleprompter, y al que recomienda su libro, Pida la palabra. Pero entre ironía y broma, si lo entienden, «pero si no estoy, me harán el más grande favor de mi vida: presidente por 3a vez».

Sus últimas palabras. Ni sombra de rencor ni de odio. Alan García, político republicano. Vale decir para todos.

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