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Demonios en la Iglesia

La Iglesia católica se encuentra en profunda crisis y no solo por los ataques desde fuera, sino principalmente por culpa de sus propios integrantes, más aún si son sacerdotes inmorales (que quiebran sus votos o son pederastas, por ejemplo) y, lo peor, obispos endemoniados.

La Iglesia es la guía para seguir a Cristo y lograr el paraíso, por tanto sus miembros deben ser virtuosos y dar el ejemplo. Es la Casa de Dios en donde uno se siente amado; y se logra la paz, el perdón y la reconciliación.

Cuando uno piensa en la Iglesia, se refiere a lo bueno, a lo santo, bondad y todas las virtudes que uno conoce. Por lo tanto, no se concibe maldad, envidia o egoísmo.

El caso de los curas pederastas causa desánimo, desconfianza y condena. Es increíble que suceda ello en una institución santa, pero hay que ser claro: son casos aislados de delincuentes, hechos realizados por humanos y que no debe involucrar a Dios, ni a muchos sacerdotes, buenos y santos.

El problema es que intencionalmente se generaliza por gentuza que quiere ver destruida la Iglesia, como los marxistas, ateos y las sectas, que buscan el escándalo para desprestigiarla. Muy poco se publicita la labor misionera, evangelizadora y educadora de la Iglesia, se ignora a los mártires, a los sacrificados, más aún que ahora los cristianos somos le Fe más perseguida del mundo.

San Agustín decía: “La Iglesia tiene hijos entre sus enemigos y enemigos entre sus hijos”. Lo que resulta particularmente penoso son las peleas y los golpes bajos entre obispos; y eso es obra del demonio para desintegrar la Iglesia por dentro. La Virgen María lo predijo: “La obra del demonio infiltrará hasta dentro de la Iglesia de tal manera que se verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos”.

A puertas de Semana Santa, dio vergüenza un comunicado firmado por los obispos Cabrejos y Castillo, contra el obispo de Piura, monseñor José Antonio Eguren, colocándose a favor de su difamador y confundiendo perversamente las cosas, al tratar de respaldar a las víctimas de malos miembros del Sodalicio, cuando el tema era que un periodista difamó al obispo norteño. Peor fueron las palabras del obispo de Caravelí, Reinaldo Nann, quien escribió un mensaje infraterno y amenazador, hecho con mucho odio, inspirado también por el demonio, contra el mismo Eguren. Qué diferencia con un obispo anterior de su misma jurisdicción, monseñor Federico Kaiser, que está camino a los altares.

El Papa Francisco dijo: “El diablo está vivo, goza de buena salud y está haciendo horas extra para erosionar a la Iglesia Católica”. Y se refiere a estos malos obispos, o mejor dicho “ohbizcos”, de mirada torcida, que desoyen la exhortación del Papa de bregar por la unidad.

La pelea entre algunos obispos peruanos es vergüenza mundial, que prefieren agredirse entre sí; y, sin embargo, son tibios ante el avance de las ideologías de género y de la muerte.

Por: Ricardo Sánchez Serra





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