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Los clubes de la corrupción

El problema no es sólo la Costra del 5to. Nivel, esa burocracia parasitaria que maltrata sin piedad a la sufrida e indefensa población peruana, ese cardumen de gente corrupta, indolente, e incompetente que se ha enquistado en muchos espacios del aparato gubernamental.

El Estado padece también de otros parásitos, a cual más dañino que el otro. El célebre Club de los Constructores es uno de ellos. Odebrecht y su pandilla ¡cuánto daño nos han hecho a los peruanos!

Pero, ojo, Ica también tiene su Club de Constructores. Piura también. Y Arequipa, Junín, Cusco… todas las regiones lo tienen.

No obstante, hay otros clubes de la corrupción. El Club de los Consultores, por ejemplo. La nuez es así: la Costra del 5to. Nivel no mueve un dedo sin un informe elaborado por un consultor externo. Informe legal, informe técnico, informe económico–financiero, estudio de mercado, perfil y expediente técnico, Estudio de Impacto Ambiental. El Estado gasta una millonada en informes elaborados por consultores externos coimeros. Informes que no sirven para nada y que –para colmo– son puro copy-paste.

Después está el Club de los Tramitadores. Los tramitadores de brevetes son los más conocidos, pero hay más. Para cada tipo de licencia hay mil tramitadores. Operan con total impunidad a vista y paciencia de todo el mundo y a sabiendas de que están en contubernio con los funcionarios responsables de atender dichos trámites.

Incluso, hay tramitadores que se dedican a conseguir financiamiento para proyectos de inversión pública. Recordemos los mamanivideos. En esas mafias están metidos los tramitadores propiamente dichos, autoridades regionales y municipales, funcionarios de ministerios y hasta renombrados congresistas de la República.

Pasemos ahora al Club de los Proveedores. Aquellos que estafan al Estado a través de la venta de todo tipo de bienes y servicios. Expertos en sobrevaloraciones, adulteraciones, falsificaciones y todo lo demás. Venden medicamentos vencidos, computadoras sin memoria, maquinarias “nuevas” con piezas usadas, o simplemente cajas vacías. Léase, cajas que no contienen los productos que supuestamente debían contener. Todo arreglado bajo la mesa con funcionarios corruptos enquistados en el Estado.

Y termino con el Club de los Parlamentarios. Aquel club de congresistas que promulgan leyes con nombre propio. Aquellos que le sacan el jugo a su inmunidad parlamentaria y que, a la hora de la hora, se blindan entre sí descaradamente. ¡Cuánta marmaja habrá corrido bajo la mesa en beneficio de esos malos congresistas!

Club de Constructores, Club de Consultores, Club de Tramitadores, Club de Proveedores, Club de Parlamentarios, como dice la canción, “total corrupción en todos lados”. Y conste que por cuestiones de espacio no puedo explayarme en otros clubes parecidos: el Club de los Magistrados, el Club de los Colegios Profesionales, el Club de los Periodistas Chantajistas y otros, que no necesitan presentación.

Parafraseando a Ortega y Gasset se podría decir: los peruanos somos nosotros y nuestra circunstancia. Y si no la salvamos a ella, no nos salvaremos nosotros. Más claro, ni el agua. Si no salvamos a nuestro país de la corrupción, no nos salvaremos nosotros. Confrontar a la corrupción con alma, corazón y vida. Eso es lo que hicimos en el Gobierno Regional de Ica, precisamente para salvarnos a nosotros mismos.

Por: Fernando Cillóniz





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