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Los embates de Israel

El Estado de Israel resiste estoicamente las agresiones de sus enemigos. El más peligroso a nuestro parecer es el Estado teocrático de Irán, una nación muy violenta que se ha incrustado en Siria y que persigue su destrucción.

Otros embates son el negacionismo del Holocausto, en el que murieron seis millones de judíos, y que lastimosamente va ganado adeptos por desinformación y por el surgimiento de gobiernos neonazis en diversas partes del mundo. Los pocos sobrevivientes del Holocausto les preguntan que si no existió el exterminio como aducen “¿en dónde están, entonces, mis abuelos, mis padres, mis tíos, mis hermanos, mis amigos?” Una pregunta que jamás podrán poder contestar.

El antisemitismo es otro hostigamiento que no solo daña a la comunidad judía, sino a toda la sociedad y que no debemos dejar pasar si no queremos una convivencia sana, plena de libertades y forma pacífica de vivir. Las ideologías extremistas son un peligro para la paz.

Otros enemigos son los palestinos del movimiento terrorista Hamas, que desde la Franja de Gaza ha lanzado más de treinta mil misiles –la cifra me puede quedar corta– a ciudades israelíes, teniendo en zozobra a cinco millones de personas, y que si bien el eficiente sistema antimisiles de defensa Cúpula de Hierro ha interceptado el 95 % de los cohetes, algunos caen en las ciudades provocando destrucción y muertes.

Hamas es el principal enemigo para la paz entre palestinos e israelíes y boicotea las conversaciones de la Autoridad Palestina con Israel. Además, tiene a un millón y medio de palestinos en Gaza prácticamente como rehenes.

Si bien Israel sufre agresiones constantes, ante la comunidad internacional aparece como agresor, siendo su accionar meramente defensivo al destruir bases iraníes en Siria, respondiendo a los misiles de Hamas acometiendo a objetivos militares y desbaratando los cohetes del movimiento terrorista Hezbolá –que responde a Irán– que dispara desde el Líbano.

En contraparte, algunos países árabes han optado por lo más sensato: normalizar las relaciones o conversaciones con Israel. Se han dado cuenta que el peligro no es el Estado judío, sino Irán, que es una bomba de tiempo para la paz en la región.

Incluso trascendió que, en la Cumbre de Varsovia sobre el Medio Oriente, cuatro cancilleres árabes justificaran el “derecho de Israel a defenderse contra la agresión iraní”.

A diferencia de otros foros en los que interviene el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, los diplomáticos árabes se quedaron a escucharlo. Fue un hecho histórico. El diálogo nunca debe rechazarse.

Esto es una base para el entendimiento. Israel no es un peligro para los países árabes, solo quiere convivir pacíficamente.

Por: Ricardo Sánchez Serra





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