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Merluza peruana: una historia complicada con final feliz

La merluza peruana parece la confirmación pesquera de que nadie es profeta en su tierra. Nunca ha sido muy popular en la mesa de los peruanos frente al jurel, bonito,  corvina, mero y otras especies muy requeridas. Sin embargo, en el exterior goza del mayor prestigio y en Paita se ha construido una industria pesquera para consumo humano cuyo destino principal es la exportación.

La historia de esta pesquería norteña ha tenido los avatares de un culebrón latinoamericano: colapso, cierre, presiones, pasiones desatadas, hasta heridos y fallecidos en un conflicto entre el fundamentalismo conservacionista y las necesidades sociales que se sostienen con su captura y procesamiento.

Al igual que en esos culebrones, después de episodios dramáticos, la merluza se ha recuperado y su historia se encamina hacia el final feliz de obtener una certificación de sustentabilidad  prestigiosa mundialmente y sería la primera especie peruana con ese título.

En este camino, la tarea de los científicos de IMARPE ha sido decisiva. La restricción de las capturas fue la base para la recuperación progresiva del stock de merluza y posibilitó el incremento gradual de las cuotas y del trabajo de elaboración en las plantas de procesamiento en Paita. Recientemente el IMARPE dio un paso más al publicar los criterios utilizados para definir las cuotas en función de la situación del recurso determinada por las campañas de investigación.

A pesar de los reiterados cambios en la conducción de PRODUCE, debe destacarse asimismo el apoyo que le dio en los últimos quince años a este proceso de recuperación, manteniendo una institucionalidad sólida para la definición de las cuotas de pesca, y para reducir las capturas ilegales de este recurso.

La industria merlucera peruana, conformada por empresas medianas afiliadas a la SNI basadas en el norte, impulsó y respaldó en todo momento este proceso. Siendo su mercado principal la Unión Europea, asumió los valores de transparencia y sustentabilidad requeridos por dicho mercado, reflejados en el requerimiento de una certificación independiente de mucho prestigio como lo es la del Marine Stewardship Council.

Para lograr esta certificación, la industria contó con el apoyo del Centro Desarrollo y Pesca Sustentable (CeDePesca), ONG latinoamericana con 20 años de trayectoria en apoyo al sector pesquero para el logro de una actividad sustentable. Después de varios años de trabajo conjunto se está contratando finalmente una entidad certificadora, Bureau Veritas, que llevará a cabo la auditoría de la certificación y otorgará finalmente el reconocimiento que los importadores europeos de este producto están esperando ansiosamente y que consolidará exportaciones de más de 70 millones de dólares y el mantenimiento de miles de puestos de trabajo en el norte del Perú.

Por: Alfonso Miranda





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