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COLUMNISTA INVITADO

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No debemos decir todo lo que pensamos, sino pensar todo lo que debemos decir.





Pensando dentro de la caja

Desde tiempos inmemoriales, el sector empresarial de nuestro país ha sido influenciado principalmente por Estados Unidos, España y, en menor grado -así geográficamente sea más cercano-, por Chile. Esta influencia se ha dado principalmente en la cultura empresarial: formas de gestionar, composiciones societarias, procesos productivos y tecnología (en ocasiones bastante desfasada con lo que se usa mundialmente); todo lo cual encamina al éxito o al fracaso a una organización.

Por estos días, ser disruptivo viene siendo admirado y muy motivado entre los nuevos profesionales; cada vez la competitividad en el mundo corporativo aumenta más y, sobre todo, busca nuevos caminos para ser más productivos o, en todo caso, ofrecer mejores experiencias de servicio.

Pero, ¿qué pasa con aquellos que no son disruptivos? ¿Qué pasa con aquellos que no se consideran super creativos y menos aún emprendedores? ¿Están fuera del mercado laboral moderno? La respuesta es no. Cometemos el error muchas veces de pensar en tecnología cuando hablamos de innovación, o en proponer cosas “fuera de la caja” para ser considerados disruptivos, cuando podemos lograr grandes aportes desde nuestra línea conservadora si es que es parte de nuestro perfil. Hay que pensar también “dentro de la caja”, es decir, dentro de ese contexto que hemos construido y ya casi perfeccionado.

Podemos generar aportes en base a eficiencias que parten del perfeccionamiento de actividades ya conocidas, no tenemos necesariamente que andar creando siempre nuevos caminos; podemos recorrer cada vez mejor el mismo.

Conversaba con un amigo hace poco, que asumía la gerencia de una área importante en un prestigioso banco del país, y me decía: “hoy las empresas, por encima de experiencia, valoran la capacidad de aprendizaje”, esto es en gran parte verdad, pero si a la experiencia le sumamos capacidad de aprendizaje, tendríamos como resultado a un profesional en continuo crecimiento.

La cultura empresarial siempre buscará mejoras continuas para la mayoría; la generación vigente, los millenials, en mayoría buscan caminos “fuera de la caja”, pero podemos también encontrar la respuesta dentro de ella. La innovación es para todos, pero eso no tiene porqué hacernos a todos innovadores. Planteo las siguientes preguntas: si la experiencia y el perfeccionamiento se sigue diluyendo entre las cualidades que se buscan en los profesionales ahora, ¿en qué rango de edades terminarán las gerencias de hoy? ¿Hablaremos de jubilados a los cuarenta y pocos años? ¿Las propuestas educativas, cómo serán? La generación que se va nos deja muchas cosas positivas, aprovechémoslas. (Carlos Prado)





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