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COLUMNISTA INVITADO

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No debemos decir todo lo que pensamos, sino pensar todo lo que debemos decir.



POLÍTICA EXTERIOR MUNDIAL

Me fue grato inaugurar y ser ponente en los tradicionales conversatorios sobre América Latina y Europa, que se realizan desde hace muchos años, en la Universidad de Passau, al sur de Alemania.

Junto con el alto nivel de interés sobre América, pude comprobar que existe aún en Europa un déficit en el conocimiento de nuestra región. Es así que para la mayoría de los alemanes la denominación de América es solo los Estados Unidos de América. En tanto que el resto del continente es llamado Latinoamérica. Y esta parte es más conocida por sus problemas que por sus oportunidades. Tanto es así que suelen preferir que el tratamiento con estos muy diversos países se realice vía la Unión Europea.

Ello me hace recordar, respecto al Perú, que no hay peor política exterior que la de no dar a conocer una base sólida de principios y metas para interaccionar con otros países. Hoy es necesario agrupar valores comunes e intereses complementarios. Estos tienen un peso mayor que las diferencias o los afanes de acometividad. La reciente visita del presidente de los Estados Unidos a Europa lo ha demostrado. La Cumbre llamada G-7, como la reunión de la OTAN, fueron claras muestras de ello. Trump se distancia de Europa y Europa, a través de la canciller Merkel, ha señalado claramente que Estados Unidos ya no es el socio confiable, especialmente en temas de comercio exterior y medio ambiente.

Y en su periplo por el Medio Oriente, el presidente Trump pareció estar más interesado en los negocios de la venta de armas que en temas de solidaridad internacional. Es evidente que hoy estamos ante una realidad distinta, en un mundo cambiante donde los paradigmas de integración que nos animaron en el pasado empiezan a no resultar compatibles con las necesidades de países que quieren posesionarse con ventajas por encima de otros.

Tenemos que tener claro que estos cambios pueden ser una oportunidad tanto para Europa como para América Latina, que deben estrechar sus relaciones. Pero tenemos aún en la región de América del Sur un inmenso déficit de comunicación vial, así como de conectividad interna y de infraestructura. Si algo caracteriza nuestras fronteras es el nivel de menor desarrollo relativo que tienen respecto a nuestros países. Y eso dificulta cualquier intento de integración.

Por eso, la integración regional debe hacerse pensando en su proyección hacia el mundo. La integración es una forma de política exterior que no se circunscribe a los espacios más cercanos, más allegados, que tienen una importancia pero que no agotan toda la problemática, ni los intereses del país terminan en una sola región.

Es importante afianzar el anclaje de la economía peruana en un contexto internacional, porque los mayores mercados y los inversionistas más importantes se encuentran fuera de la región.

Es necesario también marcar la diferenciación, en la región, del Perú como un interlocutor estable y serio en materia económica e institucionalidad democrática, en el desarrollo de la agenda birregional y para el tratamiento de temas de interés global y multilateral (cambio climático), así como socio comercial confiable y de interés para los inversionistas europeos. Esas son relaciones inteligentes que caracterizaran a los países ordenados y eficientes. En ese sentido debemos apostar, como lo señalo en mi libro Relaciones Internacionales Modernas, a un nuevo orden de países, que no se base en su ubicación geográfica o paradojas como “grado de desarrollo” sino a su eficacia para resolver situaciones internas, así como su aporte a la comunidad internacional.

EMBAJADOR ERNESTO PINTO BAZURCO-RITTLER



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