Colaboradores

Colaboradores

COLUMNISTA INVITADO

Acerca de Colaboradores:

No debemos decir todo lo que pensamos, sino pensar todo lo que debemos decir.



¿Prosperando con el conflicto?

El vizcarrismo gobernante –¿se convertirá con el tiempo en la plataforma de aquel partido que aglutine de manera formal al antifujimorismo tradicional?– ha encontrado rentabilidad política en esta dinámica. Directa o indirectamente.

Pero, ¿qué ocurriría si ese conflicto dominante, de alcance nacional, es desplazado a corto plazo por otro de menor intensidad? Por ejemplo: que el enfrentamiento keikismo/antikeikismo sea subordinado por otro choque entre prosistema/antisistema: ahí donde los extremismos explícitamente contrarrepublicanos [en la política] y contramercados [en la economía] se van convirtiendo en los factores mayúsculos de riesgo autoritario en el país. Quizá de forma inevitable, en ese contexto, el régimen –y el que venga– tendría que apelar a la acción de los consensos y los entendimientos en pro de la supervivencia del sistema; incluso con los instalados en el desaprobado Congreso.

Sin duda, los conflictos también compiten entre ellos, unos con otros, por lograr un sitio central en la arena política. Esto lo registró la politología décadas atrás. El resultado: la reorganización de las alianzas, la elección de nuevos contrincantes y el control de las agendas.

Cierto es que lo que los peruanos están presenciando ya no es una disputa por el poder entre actores que se consideran adversarios, sino enemigos. Enemigos –o ‘antis’– que buscan exterminarse en su relación con la opinión pública y así, poco a poco, también en sus parcelas de influencia. No se está frente a un ‘golpe de Estado’ como algunos señalan; es también una forma de ‘hacer política’.

Una de las preguntas que surge es si el vizcarrismo gobernante seguirá prosperando con el actual conflicto que parece querer, a toda costa, mantener latente, instalado e irresuelto. Que le da aprobación, que le da inclusive un recurso de distracción a sus limitaciones de gestión gubernamental al que en algún momento el ciudadano volteará a reclamar. Ahí está una de las limitaciones de la estrategia gobiernista de la que no parece ocuparse con seriedad. Súmele a ello la inoperancia de un aparato estatal refractario a los cambios y carente de resultados.

Y es que es una realidad que mientras la confrontación entre las fuerzas del Ejecutivo y la mayoritaria en el Legislativo hegemoniza el debate público, la problemática cotidiana de la población tiende a complicarse, la economía a ralentizarse por el ruido político y los extremismos, riesgosamente de bases violentas, van logrando espacios de control y poder al interior del país incluso vía la ruta electoral y ‘democrática’.

¿A qué recursos se apelará –o que nuevo conflicto dominante se desarrollará alterando otra vez las líneas divisorias y la situación de poder– cuando el incómodo enemigo haya sido prácticamente exterminado, al menos en las encuestas?

Miguel Lagos

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook y Twitter.



ico-columnistas-1-2018

Más artículos relacionados





Top
Vela no descarta que Odebrecht haya dado “pagos indebidos” a Nadine por Gasoducto

Vela no descarta que Odebrecht haya dado “pagos indebidos” a Nadine por Gasoducto