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Quitemos el freno

En 2018, nuestras exportaciones pesqueras y acuícolas para consumo humano aumentaron en un 27.2 % respecto a 2017. Entre enero y abril de 2019 aumentaron en 15 % frente a 2018. Estas cifras, referidas a un sector de claro matiz exportador, deberían ser gratísimas noticias. Sin embargo, podríamos compararlas con un tren colosal que enciende sus imponentes motores, pero al que se le aplica el freno simultáneamente. Tendríamos que haber crecido mucho más.. Mientras que Perú exportó en 2018, 1,300 millones de dólares en productos para consumo humano, Argentina llega a 2,200 millones, Ecuador a 4,500 millones, Chile y Tailandia a 7,000 millones cada uno, Vietnam a 8,500 millones, Noruega 12,000 millones y China 22,000 millones. Señalaré solo 3 puntos que detienen el progreso pesquero del Perú recordando que se necesita de la participación de todos para su solución. Para esto último, quiero plantear propuestas de muy fácil cumplimiento. No hemos sido capaces de definir Políticas de Estado sectoriales por lo que basta el cambio de un director general para que se modifiquen sustancialmente las líneas maestras de esta actividad. Debe definirse el rol de la pesca en la seguridad alimentaria, compras estatales, filtros a importaciones a precios dumping, nivelación de cargas al combustible de nuestra flota con las de países competidores, formalización, tratamiento a la pesca artesanal y otras reglas de juego que deberían trascender a los gobiernos de turno. Hay que desarrollar y hacer explícitas esas políticas públicas. Para que un país pueda desarrollar su pesca y acuicultura, se necesita que su sector productivo tenga la infraestructura que se constituya en un pilar que soporte su competitividad. En este campo tenemos serias deficiencias tanto en los puertos y muelles como en la cadena de frío. Una reactivación en este campo, nos permitiría aumentar nuestra producción y utilizar la enorme capacidad ociosa de nuestros establecimientos industriales. Como tercer rubro, aunque no el último, debemos señalar uno de nuestros peores tormentos y número uno en las encuestas de impopularidad: el Sanipes. Esta institución que debería acompañar el despegue del sector se ha convertido en generador de sobrecostos y demoras que se quedan con lo que debiera ser la utilidad de las empresas y contienen la expansión de nuestros productos en el mercado global. 2 ejemplos clamorosos son la supervisión final, lote por lote, que demora los embarques por más de 20 días con los consiguientes cargos que ocasiona y el siempre postergado cambio en el control de contaminantes que ocasiona onerosos desembolsos por análisis reiterativos en una misma área geográfica. Ninguno de nuestros competidores tiene ese peso sobre sus hombros. Bastaría ordenar que se haga lo mismo que en esos países para comenzar a cambiar las cosas. Por cierto que el problema es mucho más grande que lo expresado en estas líneas, pero si queremos que la pesca y acuicultura sean motores de crecimiento sostenible, contribuyan al empleo digno, así como a la nutrición del Perú y del mundo. Mañana mismo deberíamos comenzar a resolver estos males y veremos cómo en poco tiempo podríamos triplicar nuestras exportaciones y alimentar mejor a nuestro pueblo.

Por: Alfonso Miranda / Exviceministro de Pesquería





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