A al día siguiente de que lo salvase de ser vacado de la presidencia el poder fáctico que lo maneja –eso sí, dejándolo colgado de la brocha en palacio- como buen falsario que es el ingeniero Vizcarra daba cátedra de civismo ante un coro de autoridades de la región Junín, claramente forzadas a escucharlo a cambio de alguna obra prometida por el presidente mendaz. ”No tenemos tiempo para ‘discutir en discusiones estériles’ (sic) entre políticos”, informaba ayer la página web del canal del Estado. Así como lo lee, amable lector. Vizcarra manifestó no tener tiempo para “discutir en discusiones”. Así aparece escrito en el boletín del canal oficial que registra todas sus actividades. Yerra hasta en eso la administración actual. Porque si lo que hubiera dicho Vizcarra es que él no tiene tiempo para “‘seguir’ en discusiones estériles entre políticos”, entonces ¿por qué no deja la presidencia y se entrega al Ministerio Público que lo espera con los brazos bien abiertos? Parece mentira que, después de dos años y medio de estar encargado de la presidencia, Vizcarra no haya aprendido que ello implica, justamente, discutir todo lo que concierne a la nación con los representantes que ha designado el pueblo. Vale decir, los legisladores. Gente nombrada para controlar al Poder Ejecutivo, al cual permanece aferrado cual garrapata ese personaje siniestro apellidado Vizcarra. Martín Vizcarra perdió el rumbo bastante antes de asumir el cargo presidencial. Hoy sabemos que desde que ejerció la rol de gobernador de Moquegua su compás estaba muy dañado, con el norte desviado apuntando tercamente al engaño. Así lo aseguran sendas investigaciones realizadas por diversos fiscales que, por fortuna, han venido filtrándose desde hace tiempo. Es más, los recientes hechos luctuosos –grabaciones hechas al interior de palacio de gobierno por el círculo íntimo de Vizcarra- también han merecido un informe devastador contra el ocupante precario de palacio. El expediente ya se encuentra en poder de la fiscal de la Nación, Zoraida Ávalos.

Pero siempre queda el recurso de los caraduras. Es decir, culpar a terceros de todas sus fechorías y tirar para adelante comportándose falazmente como salvador del país. El riesgo es que, ante una población ineducada como la nuestra, ese comportamiento favorece al tramposo. Por eso cada vez que puede Vizcarra se jacta con esto de “ayer estuve en tal región, hoy estoy acá, mañana viajo a tal parte”. Porque rodeado de toda la parafernalia que implica la presidencia de la República, ocupada hoy por un precario como él, impresiona a los pobladores rurales desde que desembarca de aquel avión del Estado que sigue utilizando como propio, para mantener imagen y jactarse de ello. Es más. A esa gente desamparada e impactada por el protocolo presidencial, Vizcarra le promete carreteras, hospitales, escuelas, trabajo, etc. Es decir, todo lo que ha sido incapaz de hacer por el pueblo. Engaña al pueblo deliberada, cruel e incesantemente.

Semejante barbaridad la autorizó este Parlamento precario y novato, intimidado por el chantaje de un poder fáctico que, mediante sus sicarios mediáticos, amedrentó a unos legisladores populacheros.