Colgado en el farol

Colgado en el farol

Pobre quien en sumisa entrevista al presidente de la República trata de instigarlo a reacciones virulentas porque alguien le vaticina que puede terminar su mal gobierno colgado de una farola. Pequeño escribidor, fui yo quien lo dijo en esta columna recordando las lecciones de la muerte del miserable golpista Tomás Gutiérrez en julio de 1872.

En realidad más que deseárselo al moqueguano, encuentro un gran paralelo con aquel coronel subnormal que murió en la tina cruzado en el pecho con un sablazo que significaba “¿Quieres banda (presidencial)? Aquí la tienes”. Martín Vizcarra, lo he dicho antes, es un aventurero de la política. Su catadura moral es deplorable por su moral y ética como empresario, socio de empresas corruptas, aliado del extremismo marxistoide disfrazado de antiminero, conspirador de la vacancia de PPK, mendigante de apoyo del fujimorismo para llegar a la presidencia, denunciado por numerosos casos penales, complotante en empresas lesivas al país como el aeropuerto de Chinchero, la refinería de Talara y el Gasoducto sur, entre otras. Como simple ciudadano peruano, y con pena por la majestad del cargo, creo que no merece respeto como presidente. Mucho menos después de su claudicación con comunistas que tienen dos obsesiones: la sedición de la macro región sur y el cambio del régimen económico de la Constitución del 93.

Su confrontación permanente con el Congreso, su amenaza golpista -que se reiterará esta semana- y su conspiración para intentar perpetuarse en la presidencia, me revuelven la conciencia. Lamento que el Congreso pida opiniones europeas porque ya sabemos que el año 2000 recurrir a la OEA solo sirvió para dar paso a la pérfida justicia transicional y abrir las puertas a los rojos para coopten al Estado. Su capricho de adelantar las elecciones y su incapacidad gubernamental gratuitamente están destruyendo al país y ya han mermado la institucional fiscal y judicial. A estas alturas solo van quedando soluciones enérgicas, o la cobarde aceptación de un neochavismo criminal.

Pronto sabremos cuál es el desenlace. Esta es hora de hacer y decir la cosas sin cortapisas. Si no llegamos a consolidar una oposición fuerte, popular y movilizada, terminaremos como esos escribidores que, por deberle a la Sunat, se refugian en los malabares de la palabrería para atizar el fuego desde el cómodo balcón que empezaron a ocupar durante el velasquismo sin pasar de la palabra emponzoñada a la acción viril de quienes actuamos con la decencia de los principios democráticos.