Cuando Salomón dijo que “nada hay oculto bajo el sol” ya nos enseñaba que, más temprano que tarde, todo lo que un ser humano pretende excluir del conocimiento de los demás, sea mediante el engaño, la distracción o el ocultamiento en su concepto más amplio, saldrá a la luz y será de conocimiento de todos, de modo que lo mejor es evitar vivir engañados o pretendiendo engañar a los demás porque el daño posterior cuando todo se haga visible, será difícil de resarcir.
El gobierno pretendió convencernos que fueron extraordinariamente eficientes en el manejo de la pandemia provocada por el Covid-19. Ahora, en el mundo nos ponen como el país en donde el combate contra el virus fue un desastre y que los muertos por millón de habitantes es el más alto del planeta.
El gobierno pretendió hacernos creer, con un bombardeo mediático impresionante, que el nivel de contagios ha disminuido y que el peligro de un rebrote era controlable, a sabiendas que nuestros hospitales están saturados y que el personal médico y de salud en general es deficitario.
El gobierno ha tratado de demostrar que ha manejado el tema económico de modo magistral. Ahora, desde la OIT se conoce que se ha perdido aproximadamente siete millones de puestos de trabajo, que los indicadores económicos no mejoran y, de seguir así, en lo que se viene de este y del próximo año, se perderán más empleos formales e informales.
Se nos ha querido mostrar una actividad anticorrupción que jamás existió. Todo lo derrumbó un señor Cisneros que tiene el apelativo de “Swing”, entre otros factores que se mantienen en reserva.
Mientras se avanza en el plan de reactivación a tientas, pero arriesgando a la población a salir a trabajar y consumir, la oferta se está desmoronando porque la gente sin trabajo o con pocos ahorros no consume. Sin embargo, los entes públicos se han convertido en fortalezas donde la población no tiene acceso ni respuestas rápidas. ¿Qué puede hacer el pueblo si la acción de la administración pública casi está paralizada?
Los Bancos han desatado una cacería de deudores sin tomar en cuenta que las reprogramaciones de plazo vencido son una tomadura de pelo porque nadie podrá pagarles nada hasta que la gente no recobre un razonable nivel de sus ingresos pre Covid o que la economía recupere su dinamismo. No existe un plan de emergencia que evite la ruptura de la cadena de pagos.