Comencemos por restablecer el principio de autoridad

Comencemos por restablecer el principio de autoridad

Hace dos semanas la Policía parecía no tener el respaldo político para garantizar, mantener y restablecer el orden interno que le exige la ciudadanía al Gobierno para encontrar una salida viable al caos generado por grupos radicales que, con violencia, nos quieren imponer su agenda política.

En las protestas de la última semana nos ha quedado grabada una imagen que grafica bien la situación. Conmueve ver cómo decenas de policías retrocedían, superados por la turba, para agruparse formando detrás de sus escudos una pared humana buscando protegerse de los contundentes proyectiles y pirotecnia que recibían de grupos organizados que atacaban promoviendo actos vandálicos. Lamentablemente, nuestros policías han sido enviados a contener las marchas “pacíficas” sólo con su escudo y bastón policial, sin poder utilizar el equipamiento adecuado para reprimir en mejores condiciones la violencia.

La protesta pacífica es legítima, pero cuando es usada como fachada para tomar aeropuertos y vandalizarlos, es delito y debe ser reprimida como tal. No contribuye la postura de un sector de la prensa que equivocadamente justifica o soslaya la violencia como parte de la protesta. Su perversa narrativa es un “apanado” mediático a la Policía para desprestigiarla y ser percibida como abusiva y asesina. Incluso, ante la evidencia de delitos flagrantes, pareciera solidarizarse con el agresor cuando las fuerzas del orden responden con firmeza las agresiones. Hace unos días encontré una frase que define bien la actitud de quienes perversamente critican y mezquinan la sacrificada labor de nuestras fuerzas policiales: “Para criticar a un policía te sobra lengua, para ser como ellos te falta valor”. Si fueran agredidos por la turba como policía “piñata”, ¿pensarían lo mismo?

Preocupa la oscilante posición de la Defensoría del Pueblo que parece no considerar que los policías también son parte de nuestro pueblo. ¿Acaso la vida de un policía importa menos que la de un vándalo?

El premier Otárola y el nuevo ministro del Interior saben que la conciliación no es parte de la agenda de los radicales. El Gobierno, para restablecer el principio de autoridad, debe fortalecer la institucionalidad de nuestra Policía Nacional permitiéndoles aplicar con firmeza los protocolos vigentes que utilizan para enfrentar la delincuencia. La buena voluntad mostrada para escucharlos se esfumará como el humo de los gases lacrimógenos y seguiremos viendo a radicales obsesionados pidiendo: la renuncia de la presidenta, cerrar el Congreso y adelantar las elecciones, pero con referéndum.

Dina Boluarte no debe ceder porque pondría de rodillas al Estado frente a la violencia. Tiene el apoyo político de los partidos con mayoría en el Congreso. La respaldan las leales Fuerzas Armadas. La población también está de su lado porque se siente afectada.

¡Policía resiste! El pueblo que trabaja te apoya. ¡Presidenta, no renuncie!

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