Queridos hermanos estamos ante el Domingo VI de Pascua. ¿Qué nos dice la palabra? La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles dice: “Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro, y se echó a sus pies, y Pedro le dice: “levántate, porque soy un hombre como tú”, ellos saben que no son dioses, que ellos predican el nombre de Jesucristo. Esto, hermanos, estamos viviendo en la pandemia con esta angustia que llevamos todos, ¿podemos salir a la calle?, ¿cogeremos la enfermedad?, hermanos confiemos en Dios, y sobre todo retornemos al que nos da la vida, al Espíritu Santo que derrama sobre todos nosotros la Paz, por eso dice Pedro: ¿se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?, es lo que nos ayuda a todos nosotros, y nos está ayudando en esta pandemia, a reconocer que no sabemos nada del bautismo, es decir, el itinerario de fe que necesitamos todos para experimentar la salvación, y ¿qué sabemos del Espíritu Santo? Muy poco, y este es el espíritu que necesitamos recuperar: conocer pedagógicamente el bautismo, es decir necesitamos ser adiestrados para que podamos experimentar el poder de Dios, y ¿para qué necesitamos este Espíritu Santo?, lo necesitamos para poder experimentar la gracia de Dios.

Por eso respondemos con el Salmo 97: ”El Señor revela a las naciones su justicia” y ¿cuál es la justicia de Dios?, la justicia de Dios es la verdad, cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor significa con un espíritu nuevo, no con una forma rutinaria, porque los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Por eso la segunda lectura de la Primera Carta de San Juan dice: ”amemos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama a nacido de Dios y conoce a Dios, quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor, ¿A qué nos ha destinado Dios?, a amar, esa es la misión que Dios da al hombre, amar, ¿pero podemos amar?, ¿podemos donarnos al otro gratuitamente?, ¿podemos dar? Dios nos mandó al mundo a su hijo único, y en esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, Él nos amó y nos envió a su hijo para poder amar, es decir: nos manda Dios una cosa importante y es amar, y para eso necesitamos a Dios.

Por eso respondemos con el Aleluya “si alguno me ama, guardará mi palabra, dice el Señor”, guardar es creer en la palabra, como María, que guardó en su corazón al Señor.

El Evangelio es de San Juan. Dice: “permaneced en mi amor, si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. Este es el mandamiento que os doy, que os améis unos a otros, como yo os he amado, este es el mandato que nos da el Señor”, nadie tiene amor más grande, que el que da la vida la vida por sus amigos, vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando” ¿Qué nos manda el Señor?, nos manda a amar y esa es la felicidad, el que no ama está muerto, no sois vosotros los que me habéis elegido para esta misión de poder amar, soy yo quien os ha elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto y dure y permanezca, esto es el amor de Dios, en este tiempo de pandemia nos está enseñando el Señor. Ánimo, yo he vencido al mundo, yo he vencido aquello que no puedes donar, yo he vencido aquello donde tú no puedes, Él puede darnos gratuitamente el Espíritu Santo, dirá pedid al Padre en mi nombre y yo os lo daré, eso es lo que nos manda, “que os améis unos a otros”, nos manda este espíritu, por eso hermanos en este tiempo este domingo nos invita el Señor a dar, amar, es decir, a traspasar la barrera que nos impide amar, es decir el muro que nos impide poder donarnos.

Ánimo, hermanos, y que el Señor los bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Rezad por mí.

Mons. José Luis del Palacio-Obispo E. del Callao