A menos de un año de nuestro bicentenario (28 de julio 2021), un nuevo gobernante asumirá la presidencia por los siguientes cinco años en un incierto y complejo panorama generado por problemas de índole sociopolítico y económico agravado por la pandemia del Covid-19. Y es que esta emergencia sanitaria nos ha mostrado graves deficiencias, particularmente el abandono, carencias y precariedad de nuestro sistema de salud y la profunda inequidad educativa, principalmente porque los gobiernos, en 20 años de crecimiento económico (1998-2018), no inyectaron los recursos en los servicios básicos fundamentales que debe brindar el Estado (agua potable, alcantarillado, energía eléctrica), por el contrario, se invirtieron millones de dólares en obras inservibles, colapsadas, inconclusas o abandonadas producto de grave corrupción, turbiedad en licitaciones, tráfico de influencias, colusiones, coimas. Además, el manejo de la pandemia por parte del gobierno ha presentado falencias y no ha logrado conseguir los resultados esperados, tal como ha reconocido el propio presidente Vizcarra.

Como resultado de esta compleja situación, el bicentenario nos esperaría con una pobreza de hasta 30% (diez millones de peruanos) que representaría un retroceso de 10 años, además de una informalidad del 70% de la fuerza laboral y 50% del PBI. Que lejos estamos del Plan Bicentenario-El Perú hacia el 2021 que entre sus objetivos proyectaba alcanzar a dicha fecha un ingreso per-cápita de US$.10,000, duplicar nuestro PBI, cuadriplicar nuestras exportaciones, alcanzar un crecimiento de 6% y reducir la pobreza a menos del 10%, cifras que se desdicen absolutamente de nuestra actual realidad.

Al superarse esta crisis debemos tomarla como una oportunidad para corregir lo que nos está afectando y con una hoja de ruta clara buscar optimizar y mejorar nuestro país, prioritariamente debemos fortalecer la condición operativa del Estado mejorando la administración pública en sus tres niveles para buen uso del presupuesto asignado, mejorar la gestión y calidad de los servicios públicos, construir un nuevo sistema de salud, poner todos los esfuerzos para incrementar el trabajo y reducir la informalidad.

Bajo este panorama, con la grave crisis sanitaria y ad portas de nuestro bicentenario debemos tener presente el pensamiento que nos dejara nuestro ilustre historiador, José de la Puente Candamo, en su última entrevista antes de su fallecimiento el pasado 5 de febrero, al referirse a la derrota en la guerra con Chile, manifestó que el Perú se levantó solo, nadie nos prestó un dólar o una esterlina, porque en los peruanos hay un espíritu nacional de salir adelante contra toda adversidad.