Ahora que Vizcarra sin poder político alguno descubre su realidad terrenal que le obliga a enfrentarse a las investigaciones abiertas en el Congreso de la República, institución a la cual casi destruyó tanto en lo moral como en lo organizacional, comienza a utilizar el ardid de no contestar nada, guardar silencio haciéndose la víctima, ganar tiempo para buscar impunidad hasta encontrar la llave maestra para conseguirlo.

Paradójicamente, la gran solución a sus angustias sería convertirse en congresista, olvidándose de los agravios vertidos contra los congresistas, tanto del que cerró como del actual, por presuntamente postular no para trabajar por el pueblo sino para satisfacer sus intereses personales, asumiendo ahora, sin ningún pudor, una candidatura que a todas luces no tiene por objeto representar a la población sino servirse del cargo para alcanzar una inmunidad que lo sustraiga de las investigaciones en curso manteniéndose impune hasta no se sabe cuándo.

Es paradójico también que con estos antecedentes postule en el partido político fundado por Alberto Andrade Carmona, quien era radicalmente opuesto a estos enjuagues y su vocación por un liderazgo de valores es por todos conocido, de modo que algo hay que revisar en la ley electoral para entender por qué un partido con esa visión y misión terminó bajo la presidencia del señor Salaverry que viene de una turbulencia ética aún no aclarada, que ahora incorpora a un ex presidente a un paso de la cárcel según declaraciones de los fiscales que también lo investigan.
Por otro lado, resulta curioso, por decir lo menos, que el gobierno transitorio esté desarrollando una agenda que constituye casi un calco de los objetivos inmediatos perseguidos por las organizaciones más radicales del país como Sendero Luminoso: una nueva constitución y la demolición de la policía nacional.

Se anuncian paros, huelgas, marchas, tomas de carreteras y protestas a granel, mientras que la delincuencia se ha enseñoreado en las calles, mientras que nuestros agentes policiales, con tantos agravios recibidos, asumen una actitud pasiva frente a los desmanes callejeros. ¿Acaso el gobierno está apostando por un desborde social con caos generalizado, con una anarquía que justifique la toma de decisiones extremas cuya ideología no conocemos?
Se ha producido una redada gigantesca contra los integrantes de los órganos de fachada de Sendero cuando el Poder Judicial ya liberó a los detenidos en investigaciones anteriores porque no pudo acreditarse ni pertenencia ni apología. ¿A qué se está jugando?