Sorprende que un gobierno liderado por un experto en planificación y en divulgación científica y social, no comprenda aún que sus problemas de comunicación no se circunscriben únicamente a un aspecto publicitario, sino que requieren de una inteligente combinación de comunicación integral, que combine gestión pública eficiente y gestión social con mensajes claros que conecten con la población.

Que el presidente Sagasti se reúna con representantes de cuatro agencias publicitarias para pedir consejo sobre su falta de tino comunicacional, se convierte en un error de apreciación, sesgando la solución del problema a una suerte de campañas efectistas, seductoras y de alto impacto, pero que terminan siendo insuficientes para convertir la comunicación gubernamental en un vehículo que transforme hábitos y conductas, que es lo que finalmente necesitamos los peruanos en calles y casas.

La comunicación integral, por cierto, es una propuesta que define un claro concepto de marca frente al modo covid, así como al modo no covid. Pero tomar acciones concretas de comunicación no basta, si antes no hemos resuelto problemas concretos de gestión. La comunicación es un arte y una disciplina que acompañan los procesos de gestión. Si estos fallan o no tienen resultados concretos, difícilmente la comunicación podrá subsanar los inconvenientes del desgobierno que hoy nos agobia.

La clave, señor Sagasti, no se encuentra en el desarrollo de campañas que pongan el hombro para ser vacunados, sino en una estrategia que implemente piezas de comunicación a todo nivel, y que sea desplegada a través de equipos de promoción del ministerio de Salud y del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, que recorran las calles, los hospitales, y que incluyan en un capítulo en la currículo escolar dedicado íntegramente al cambio de hábitos en todos los niveles de primaria y secundaria.

Necesitamos un cambio de chip, uno que no se logra con campañitas publicitarias costosas que no son sostenibles en el tiempo, sino con una repetición multicanal de los nuevos comportamientos que debemos adoptar para adaptarnos a esta nueva normalidad, una que no cambiará radicalmente, considerando la incapacidad de gestión gubernamental, que hasta la fecha no logra firmar un solo contrato de compra de vacunas, salvo acuerdos temporales que se enfrentan a una normativa y legislación obsoleta, y a un irracional comportamiento de funcionarios públicos de medio y alto nivel, que no comprenden aún la gravedad de no recibir hasta el momento ni una sola vacuna en el territorio nacional.

La inacción no es una la respuesta que esperamos. Pero peor que esta inacción gubernamental es comunicarla como si fuera una solución que resolverá la vida de todos los peruanos. ¡Esto indigna, presidente Sagasti!